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OBRAS

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MARQUÉS DE S ANTILLANA.

OBRAS

DE

DON IÑIGO LOPEZ DE MENDOZA,

MARQUÉS DE S ANTILLANA ,

AHORA POR VEZ PRIMERA COMPILARAS DE LOS CODICES ORIGINALES, É ILUSTRADAS CON LA VIDA DEL AUTOR , NOTAS Y COMENTARIOS

DON JOSE AMADOR DE LOS RÍOS ,

SECRETARIO DE S. M. , INDIVIDUO DE NUMERO DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA HIS¬ TORIA Y GRECO-LATINA MATRITENSE, Y CATEDRATICO DE AMPLIACION DE LITERATURA ESPAÑOLA EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL , ETC. ^

5»

MADRID.

Jmprer.ta de la calle de S. Vicente baja, á cargo de José Rodrigue*.

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Los (jue den á luz por primera vez algún códice manuscrito que exista en alguna biblioteca, sacado de ella con la debida autorización ó de que ellos sean legítimos poseedores, tendrán el derecho de propiedad de estas obras por el término de 25 años, y con esta misma limitación pasará á sus herederos, si aquellos muriesen antes de cumplir el referido plazo.

(Ley de Propiedad Literaria , tit, I, art. 9,j

AL EXilO. SEÑOR DON MARIANO TELLEZ GIRON,

BEAUFORT, SPONTIN , PIMENTEL , FERNANDEZ DE VELASCO Y HERRERA , DIEGO LOPEZ DE ZÚÑIGA , PEREZ DE GUZMAN , SOTOMA YOR , MENDOZA , MAZA, LA¬ DRON DE LIZANA , CARROZ Y ARBOREA, BORJA Y CENTELLES, PONCE DE LEON, BENAVIDES , ENRIQUEZ, TOLEDO, SALM SALM , HURTADO DE MENDOZA

Y OROZCO , SILVA , GOMEZ DE SANDOVAL Y ROJAS , PIMENTEL Y OSORIO, LUNA, GUZMAN, MENDOZA Y ARAGON, DE LA CERDA , ENRIQUEZ , HARO Y GUZMAN : DUQUE DE OSUNA , CONDE-DUQUE DE BEN AVENTE , DUQUE DE BEJAR, DE PLASENCIA , Y DE MANDAS, DE GANDÍA Y DE MONTEAGUDO , DE ARCOS, DE MEDINA DE RIOSECO , DEL INFANTADO , DE PASTRANA , DE LERMA , DE ESTREMERA Y DE FRAN CAVILA: CONDE DE UREÑA , DE FONTANAR, DE BEAU¬ FORT , DE MAYORGA , DE BELALCAZAR Y BAÑARES , DE OLIVA, DE OSILO Y CO¬ QUINAS, DE BAILEN Y CASARES, DE SALDANA, DE VILLADA , DEL REAL DE MAN¬ ZANARES Y DEL CID : MARQUES DE PEÑAFIEL , DE GIBRALEON , DE MARGUINI Y DE TERRANOVA, DE LOMBAY , DE ZAHARA , DE S ANTILLANA, DE TÁVAIÍA, DEL CENETE , DE ALMENARA, DE CEA, DE ALGECILLA Y DE ARGÜESO : VIZCONDE DE LA PUEBLA DE ALCOCER: PRÍNCIPE DE SQUILACE , DE ANGLONA , DE MELITO

Y DE ÉVOLt: BARON DE LAS BARONIAS DE ALBERIQUE , ALCOCER, ALAZ- QUER, GABARDA Y AYORA EN EL REINO DE VALENCIA , DE LA ROCA DE AN- GU1TOLA CON EL SEÑORIO DE LA CIUDAD DE LA REPOLLA Y VILLA DE MENDO- LEA EN EL DE ÑAPOLES : SEÑOR DE LAS ENCONTRADAS DE CURADORIA SIHUR- GUS , BARBAGÍA OLOLAY, BARBAGÍA SEULO Y VILLA DE SICCI EN EL REINO DE CERDEÑA : PRIMERA VOZ DEL ESTAMENTO Ó BRAZO MILITAR EN EL MISMO, POSEEDOR DEL MAYORAZGO DE TREINTA Y CUATRO CUENTOS : TENIENTE DE LA ALCAIDIA DE LA FORTALEZA DE SIMANCAS PATRONO UNICO É 1N SOLIDUM DE LAS INSIGNES IGLESIAS COLECIALES DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION DE LA VILLA DE OSUNA, DE LA DE LA CIUDAD DE GANDÍA, Y DE LAS DE PASTRA¬ NA , LERMA Y AMPUDIA : CRANDE DE ESPAÑA DE PRIMERA CLASE : SENADOR DEL REINO: GENTIL-HOMBRE DE CÁMARA DE S. M. CON EJERCICIO: MARISCAL DE CAMPO DE LOS EJERCITOS NACIONALES: CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL

Y DISTINGUIDA ORDEN ESPAÑOLA DE CARLOS III , DE LA ORDEN MILITAR DE CALATRAVA , DE LA DE SAN JUAN DE JERUSALEN : GRAN OFICIAL DE LA ORDEN DE LA LEGION DE HONOR DE FRANCIA : COMENDADOR DE LAS REALES Y MILI¬ TARES ÓRDENES PORTUGUESAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCION DE VILLAVICIOSA : TRES VECES DE LA MILITAR DE SAN FERNANDO DE PRIMERA CLASE, Y DE OTRAS VARIAS POR ACCIONES DIS¬ TINGUIDAS DE GUERRA: MAESTRANTE DE LA REAL DE CABALLERIA DE SEVILLA: ACADÉMICO DE HONOR DE LA DE NOBLES ARTES DE SAN FERNANDO, Y DE NÚ¬ MERO DE LA DE HISTORIA , ETC. , ETC. , ETC.

EXMO. SEÑOR:

Años ha que ocupado en escribir la Historia de la lite¬ ratura patria , tenia recogidas la mayor parte de las obras, fruto del talento y erudición del ilustre fundador de la casa de Infantado, uno de los mas esclarecidos progenitores de Y. E. La fama de tan insigne magnate, cimentada en el unánime aplauso de cuatro siglos, y

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o

VI

acrisolada por el fallo de la crítica de nuestros dias, asi dentro como fuera de España, parecía estar demandando la publicación de aquellas joyas, que fueron un tiempo el mas preciado ornato de las musas castellanas. Esta necesidad, universalmente reconocida, iba siendo mas apremiante para la honra literaria de España , á medida que se daban á luz las producciones de otros ingenios, dignas en verdad de toda estima, mas no superiores, y acaso no de tantos quilates como las debidas al docto don Iñigo López de Mendoza. Acusábanos semejante olvido de vituperable indolencia, tanto mas agena de disculpa cuanto mas claros eran los merecimientos del marqués de Santillana , que sacando de las tinieblas á otros afamados trovadores de Castilla , logró restituirles su antigua nombradia, merced á los aciertos de su pluma. No faltaron, sin embargo, críticos nacionales, que ya desde el pasado siglo se dolieran de este género de aban¬ dono, é intentáran dar cima á tan laudable propósito; pero tardaba en demasia el cumplimiento de estas pro¬ mesas, repetidas una y otra vez sin efecto, y llevado del amor engendrado en mí por el estudio de tan celebrado poeta, determinóme á presentar al público las tareas á que había consagrado no cortas vigilias , procurando ilustrar sus peregrinas obras.

Mas antes de realizar este pensamiento, creíme obli¬ gado á comunicarlo á Y. E. , movido de dos razones, ambas poderosas para quien se precia de atento y de¬ licado. Descendiente directo del marqués de Santillana, hubiera sido cierta manera de despojo el negar á Y. E. la cooperación legítima que como á tal le correspondía, cuando se intentaba erigir á su gloria literaria mereci¬ do monumento: contándose el nombre de Y. E. entre los individuos de número de la Real Academia de la

VII

Historia, hubiera tenido en mí por indisculpable falta toda reserva en tal asunto y con tan digno compañero. Justificó plenamente la acogida, que el indicado pro¬ yecto halló en Y. E. , esta resolución mia; y franquea¬ dos al par el archivo de Infantado y la rica biblioteca de Osuna, donde se custodian casi todos los códices que formaron la selecta libreria del marqués , pude dar ma¬ yor ensanche á mis trabajos , ya examinando equellos raros volúmenes, base de su educación literaria, ya re¬ conociendo los interesantes documentos, que le pre¬ sentan á la contemplación del historiador como uno de los primeros políticos y capitanes del siglo XY.

Y no es esta la única forma en que ha pagado V. E. la deuda que respecto del primer marqués de Santilla- na reconocia : terminados ya los trabajos literarios , y preparándome para darlos á la estampa, tuve la satis¬ facción de saber que tomaba Y. E. por suya esta em¬ presa, deseoso de mostrarse digno heredero de aquel esclarecido magnate, que «se habia llevado la fama toda de los Mendozas» * con la claridad de su talento. Tan hidalga manifestación de V. E. , aumentando la obli¬ gación en que el amor á las glorias literarias de Espa¬ ña me habia puesto, fué para mí nuevo estímulo, no perdonando medio ni diligencia alguna para dar á la edi¬ ción proyectada todo el interés y perfección que mis fuerzas consentian. Propio era de este linaje de publi¬ caciones el enriquecerlas con noticias biográficas , jui¬ cios críticos, notas, apéndices, glosarios y comen¬ tos, que ilustráran cuantas dudas pudieran suscitarse, principalmente respecto de la vida y estudios del per¬ sonaje, cuyas obras se daban á luz, y de su signifi¬ cación é influencia en la república de las letras: éralo

* Pról. al Mem. de Cosas notables por el IV Duque de Infantado.

II

VIDA

instintivamente- presentido que maduramente quilatado; y triunfan al cabo de todo linage de escollos , nacidos solo para despertar y robustecer su patriotismo. Estos hombres, á quienes tributan sus coetáneos el doble homenage del amor y del respeto, conquistan en la posteridad inmarce¬ sible lauro y legan á las generaciones, con el ejemplo de sus virtudes, el noble estímulo de la gloria. Acatados de propios y extraños , consultados en vida cual dignos orᬠculos, si ejercieron grande y legítima influencia en la suer¬ te de su patria, gozan én las edades futuras el inextima- ble privilegio de excitar el entusiasmo- de la muchedum¬ bre y la admiración de los doctos. Mas entonces no existe va para ellos el círculo determinado de la nación, en que florecen: su nacionalidad se extiende y arraiga én todos los pueblos civilizados, que miran brillar en sus obras la luz del genio, concediéndoles, á este soberano título, uni¬ versal carta de naturaleza. Los hombres, á quienes es da¬ do levantarse á tal altura; son-, pues, ciudadanos de todas las repúblicas y viven igualmente en todos los tiempos. Mientras mas árdua y dudosa haya sido la lucha , mientras mas grandes hayan sido su tesón y su aliento para seño¬ rear las dificultades , mas ancha y luminosa será también la aureola de su gloria , mayores y mas dignos á los ojos de la historia y de la filosofía los galardones con que la huma¬ nidad recompense su abnegación y su heroísmo.

Tal puede decirse con harta razón del ilustre marqués de Santillana: en él se cumplen todas las condiciones señaladas por el dedo de la Providencia, para gozar el inmortal renombre que concede la humanidad á los pa¬ ladines de- su mas bella causa, porque en él se reflejan, como en fidelísimo espejo, todas las aspiraciones de la ci¬ vilización española durante el siglo XV, lanzándose en el terreno de la inteligencia á la conquista legítima de ex¬ traños- y no conocidos tesoros , para ensanchar de una .• manera prodigiosa la esfera de su actividad y de sus triunfos. Respetado desús compatriotas, que le contem-

III

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

plan como el mas acabado modelo del buen gusto, del valor y de la hidalguía 1 , despierta su justa fama mas allá de los patrios confines admiración entre los hombres en¬ tendidos y mas celebrados guerreros 2, y acuden unos y otros’á Castilla , ganosos de conocer y tratar al digno mag¬ nate, que consagra solícito sus vigilias al culto de las letras y derrama generoso mercedes y favores entre los que, alen¬ tados de su ejemplo , procuran seguir sus brillantes huellas. Semejante al rey sabio , cuya gran figura llena el sorpren¬ dente cuadro de la civilización castellana en el siglo XIII > promueve con docto anhelo el estudio de la historia , de la moral y de la filosofía , y realiza en sus obras aquella sa¬ ludable máxima de que « la sgiengia non embota el fierro de la langa , nin fage floxa el espada en la mano del caba¬ llero». 3. Y tan grande, llega á ser su influencia, tan mere¬ cido el lauro de su nombre , que el más famoso de sus contemporáneos y el único que puede compartir con él la gloria de las letras en el siglo XV, no vaciló en aplicarle las

1 Gomes Manrique, uno de los ingenios mas celebrados del siglo.

. XV, décia, lamentando la muerte del marques : '

Lloren los onbres valienles por tan valiente guerrero; é plangan los eloqüentes, é los varones prudentes lloren por tal compañero.

Y hablando en otra copla de su erudición , anadia :

Por cierto no fué Boecio ni Leonardo de Are^io en prosa mas elegante; pues. en los metros el Dante ant’él se mostrára negio.

(Cañe. gen. de Aml., fol. 63 v. y 65.)

2 Entre otros muchos testimo¬ nios que pudieran traerse, nos con¬ tentaremos con citar el de su se¬

cretario Diego de Burgos, quien en el prólogo de un Tratado que fizo sobre la muerte del marqués, de que

daremos mas especial noticia ade¬ lánte, decía, hablando de su pericia en el arle de la guerra:' «Fue elpri- «mero que traxo á este reyno mu- «chós ornamentos é ynsinias de ca- «vallería, muchos nuevos aparatos «de guerra ; é non se contenió con «traerlos de fuera , mas añadió é «emendó en ellos é inventó por sí «otras muchas cosas, que á toda per- «sona eran grand maravilla é de «que muchos ficieron arreo. Asi «que, en los fechos de armas nin- «guno en nuestros tiempos es visto «que tanto alcanzase nin que en las «cosas que á ellos son convinientes, «tovieseen estas partes desseo tan «grande de gloria» (Bibl. patr. de S. M., Gane. D. Vil, 4, fol. 24 y sigs.).

3 Prólogo de los Proverbios, pág. 24.

IV

VIDA

insignes palabras de San Gerónimo, al calificar al prínci¬ pe de los historiadores romanos. «Aquellos (decia el sa¬ grado doctor) á quienes no atrajo Roma á su contempla¬ ción , los llevó tras sí la fama de un solo hombre desde las últimas regiones de España y Francia » 4'.

Y no es por cierto lo que menos llama la atención el con¬ siderarle, en medio de los escóndalos y revueltas que agi¬ tan el Estado y . que mas de una vez le arrastran en su fu¬ rioso torbellino , entregado á las pacíficas y solitarias tareas de las letras 5, conservando intacto hasta los últimos mo¬ mentos de su vida aquel inextinguible amor á la sabiduría y aquel seguro y recto juicio, que le distinguen y subliman entre todos sus coetáneos. Verdad es que por una contra¬ dicción, harto notable, en la historia de la civilización es¬ pañola, contradicción que antes de ahora hemos procurado explicar G, brilla en medio de aquellas guerras cortesanas la antorcha de las ciencias y de las letras, no pareciendo sino que al paso que los magnates castellanos aguzaban el hierro de sus lanzas, para herir el pecho de sus compatri¬ cios, intentaban probar los aceros de su ingenio , para ale¬ jar de sí el borron y nombre de bárbaros. Pero asi qomo ninguno eclipsa en la córte de don Juan II el fausto y la magnificencia de Iñigo López de Mendoza , ninguno le ex-

4 Las palabras de San Geróni¬ mo, citadas por Juan de Mena, son: «Quosad conlemplationem ejus Ror «nía non traxit, unius hominis Já- amá perduxit de ultimis Hispanice aGalüseque finibus» (In Gén.pról.). Después añade el poeta cordobés, entre otras cosas : «Grey esla pala- abra poderse decir... .del pruden-, atíssimo , magnánimo é ingente ca- avallero Iñigo López de Mendoca: »á la fama del quai muchos extran-r ageros, que en España non avian acausa de passar, ayan por hués- apedes sofrido venir en la castellana

aregion, non es á nosotros nuevo. aLa qual volante fama con alas de aligereza, que son gloria de buenas anuevas, ha encavalgado los gálli- acos Alpes é discurrió hasta la fri— agiana tierraa (Pról. de la Coron., ed. de Toledo, 1504).

5 Véase lo que aeercá de esto dice don Alonso de Cartagena en su Carta sobre la caballería, págs. 490 y sigs.

0 Estudios hist. , polit. y lilers. sobre los Judíos de España , ensa¬ yo II, cap. VIII.

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. V

cede tampoco en el profundo amor y perseverante anhelo con que atiende á la ilustración de su patria , y nadie le iguala en el hidalgo empeño de socorrer al menesteroso y desvalido , sosteniendo el brillo de su ya esclarecida estir¬ pe é inculcando en sus hijos aquella gallarda máxima de que dar es señorío , recibir es servidumbre , que toma por mote , al sucederle , el primer duque del Infantado 7.

La vida del marqués de Santillana , á quien la posteri¬ dad ha mirado por todos estos títulos con justo respeto , si ofrece, pues, horas tranquilas gozadas en el hogar1 do¬ méstico, también se muestra sembrada de contratiempos y quebrantos, lanzado desde la niñez en. medio de la bor¬ rasca que por todas partes levantaban la ambición y desen¬ frenada codicia de la grandeza castellana. Afligía á este reino desde mediados del último siglo el azote del favori¬ tismo, achaque común de la casa de Trastamara; y entre¬ gados los reyes con no discreta confianza á los privados, al mismo tiempo que apocaban y quebrantaban su propia autoridad , encendían en el ánimo de los ricos-homes y magnates el deseo y ansia de prematuro engrandecimien¬ to, impulsándolos en el camino de la intriga y arrastrán¬ dolos hasta el extremo de la rebelión , para conseguir sus fines. Alentaba por otra parte esta indócil inclinación de la nobleza el antiguo fuero déla tierra, que autorizaba al va¬ sallo á despedirse del servicio de su rey, cuando no en¬ contraba en él la pretendida justicia ; y este precioso de¬ recho , que moderaba en parte el poder absoluto de la corona , habia degenerado en cotidiano abuso , dando fre¬ cuente pábulo á irreverentes y escandalosas defecciones. No sospechaban los magnates, que en un momento deter-

• \

ninguno queda su par.

Y antes habia dicho:

Este fué, verdad vos digo, de los míseros abrigo de los hambrientos fartura. (Cañe. gen. deAmb., fol. 61 «. y 65.)

7 El citado Gómez Manrique pintaba la esplendidez del marqués de Santillana, diciendo que era Persona tan singular, de cuya magnificencia, fablando con reverencia,

VI VIDA

minado sacrificarían su vida y aun la de sus hijos en ob¬ sequio de sus reyes , que podría imputarse á punible des- íealtad aquel trocar de afectos y partidos ; y fundados en semejante prerogativa , se despedían á la luz del sol del campo donde militaban , para llevar su pendón y su caldera al campo hasta entonces enemigo. De esta manera presen¬ ta la historia de Castilla por aquellos tiempos la mas com¬ plicada urdimbre de flaquezas y decepciones , cuyos la¬ mentables frutos llegan á cumplida .sazón al asentarse en el trono el hijo de Enrique III.

Ni el carácter de este soberano ni la educación que ha¬ bía recibido de su madre doña Catalina , le preparaban á empuñar dignamente el cetro de sus mayores , poniendo vigoroso freno á los desmanes de la mal regida nobleza. Florecía en Castilla un hombre «de gran trabajo en las guerras , asaz cuerdo é discreto ,» que había tenido « en sus manos todos los fechos del reyno» en vida de. don Enrique, y que era llamado por excelencia el buen Condestable 8: apenas fue entregado á don Juan el regimiento de la repú¬ blica, cuando aguijoneados de la envidia y codiciosos de la autoridad y riquezas que alcanzaba , acusaron algunos de traición é inteligencia con las moros al hidalgo don Ruy López Dávalós, quien fugitivo y «apasionado de gota é otras dolencias , muy afligido por la falsa infamia é por el destierro é perdimiento de bienes , moría en Valencia del Cid, dexando á sus fijos é fijas en grand trabajo» 9. Eran sus bienes, oficios, villas y lugares repartidos entre los magnates que precipitaron su ruina, sin advertir el inex¬ perto monarca que este pernicioso ejemplo debía producir fatales resultados, y que cediendo tan fácilmente á los ti¬ ros de la calumnia y de la avaricia , fomentaba indiscreto las bastardas pasiones que debian terminar por oscurecer el brillo del trono. Impotente para reprimir por sí mismo la

• ' • .

8 Fernán Perez de Guzman, 9 Id. id.

Generaciones y Semblanzas, cap. V.

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. VII

ambición de sus proceres , mostró bien pronto que la go¬ bernación del reino seria presa del mas osado, y cuantos se creyeron con astucia ó poder bastante para lograr la pri¬ vanza, saltaron en aquel palenque abierto de nuevo por el mismo rey, al firmar la injusta sentencia del buen Con¬ destable. Los hijos del noble Infante de Antequera, á quien tan altos servicios debia Castilla , reclamaron una y otra vez para sí la omnímoda dirección de los negocios pú¬ blicos , que ya lograba , con el favor de Juan Hurtado de Mendoza, el aragonés don Alvaro de Luna. Preciábase este de gran disimulador 10; y diestro en las artes palaciegas, habia tomado entera posesión del ánimo del monarca, quien reconociendo en él las prendas, dé que se confesaba des¬ provisto, y agradecido ya á los servicios que le debia, no vaciló en echar sobre sus hombros todo el peso de la mᬠquina del Estado. Ambicioso don Alvaro, como sus rivales, pero tal vez mas celoso de la autoridad real y aun del bien público, aceptó con la honra que se le daba, el grave compromiso en que á sabiendas se le ponia. La lucha, que tan inmoderada predilección produjo, no pudo ser mas terrible : don Alvaro fué señalado como enemigo común de cuantos aspiraban á la privanza, quienes abanderados constantemente por los Infantes de Aragón , ensangrentaron el suelo de Castilla durante muchos años , hasta ver derri¬ bado por tierra aquel formidable coloso. Mas ya. porque el sucesor de don Ruy López Dávalos desbaratase con su va¬ lor y su talento aquellas pertinaces rebeliones > ya porque supiese aplacar con dádivas y mercedes la codicia de unos ó la vanidad de otros, gozó Castilla de algunos momentos de sosiego, en que los sostenedores de aquellas revueltas y disturbios quisieron hacer ostentación de su grandeza en otro linage de lides. La córte de don Juan II presentaba en semejantes intervalos la mas palmaria prueba de lo que podía el orgullo de una nobleza , que mientras habia me¬ to Id., cap. XXXIV.

vm

VIDA

nester de las escribanos públicos para hacer verosímiles sus amistades , teníase por obligada á mantener en sus do¬ minios numerosas escuelas de justadores y poetas, que diesen con ellos testimonio de su magnificencia , ya en el. palenque del hierro, ya en la liza del ingenio 11 .

Destinado por la Providencia a ocupar un puesto seña¬ lado en Castilla, conforme á lo subido de su estirpe , ni era dado á Iñigo López de Mendoza el sustraerse á la ley co¬ mún que dominaba los espíritus, ni hubiera tampoco lo¬ grado éxito favorable , oponiéndose de lleno á tan desatado torrente de ambiciones, por cuya violencia se vio arras¬ trado, al abrir los ojos á la vida pública. Descendía don Iñigo de la antigua casa de los Mendozas, señores del va¬ lí Es por cierto digno de no¬ tarse el extraordinario número de justas y torneos que mencionan las crónicas de aquel tiempo, formando estas fingidas lides peregrino con¬ traste con el estado político de Cas¬ tilla. El arte dejustar habia'llegado á lomar tal incremento y estima que, asi como en siglos anteriores se jac¬ taban los caballeros de llevar el ape¬ llido de las batallas ó hechos memo¬ rables contra los sarracenos, preciᬠbanse ya de ser llamados con el tí¬ tulo de valientes y diestros justado¬ res. El Paso honroso de Suero de Quiñones, imitado después por don Beltran de la Cueva, fue tenido por el mas digno palenque de la caballe¬ ría, señalándose entre los mantene¬ dores los Merlos, Eslúñigas,Dezas,

Pimenleles y de los Ríos, quienes hicieron prueba de su arrojo y des¬ treza contra toda especie de aven¬ tureros. Aun los hombres de mas levantado ingenio enlraronlambien en estas bizarras lizas, para no con¬ fesarse indignos de la prez de las armas; y el docto Diego de Valera,

que con tan noble osadía intentó se¬ ñalar al rey don Juan lá senda de sus deberes, dirigiendo el esfuerzo de sus vasallos contraía mal repri¬ mida morisma , no contento con la honra por él conquistada en Espa¬ ña, partió á lejanas regiones para mostrar con sus empresas el noble aliento que animaba su pecho. Mas si extraordinario parece este empe¬ ño en los tiempos revueltos de don Juan II, no causa menor sorpresa el contemplar la protección que aque¬ llos magnates dispensaban á los poetas : á ías noticias que nos tras¬ mite el marqués en su Carta al Con¬ destable, debe añadirse, para mas comprobación de nuestro aserto, que don Enrique de Aragón, Fernán Perez de Quzman, don Pedro Teno¬ rio, arzobispo de Toledo, el carde¬ nal de San Pedro , don Alonso En- riquez y otros no menos ilustres señores mantenían en sus estados y llevaban consigo á la córte brillante séquito de trovadores, á cuya cabe¬ za aparecían siempre, como dignos Mecenas y respetados maestros.

DEL MARQUES DE SANTILLANA. IX

lie del mismo nombre en las Hermandades de Alava , y contaba de largos tiempos entre sus ascendientes opulen¬ tos ricos-homes y valerosos capitanes12. Su abuelo Pero González de Mendoza, distinguido en la córte de don En¬ rique II y don Juan I , tanto por su ingenio como por su valor, había fundado en Castilla los mayorazgos de Hita, Buitrago, Guadalajara y el Real de Manzanares 13, conce¬ didos por don Juan, en premio á los extraordinarios ser¬ vicios del valiente alavés,, que en los campos de Alju- barrota rescataba con el sacrificio de su vida la vida y li-

12 Los mas autorizados genca- logistas presentan como tronco y raiz de la casa de Mendoza á los re¬ yes de Navarra, apuntando el ilus¬ tre señor de Batres que se preciaba aquella de venir del Cid Ruy Diaz (Gen. y Semb., cap. IX). El primer ilustrador de tan esclarecida prosa¬ pia fue, según Gonzalo Fernandez de Oviedo, don Lope Sánchez de Mendoza , mayordomo mayor de don Sancho de Navarra, apellidado el Mayor: sucedióle don Iñigo Ló¬ pez de Mendoza, conde de Alva, en tiempo de don F ernando, primer rey de Castilla; y de este vinieron: l.° don Lope Iñiguez de Mendoza, que concurrió á la conquista de Toledo (108o) : 2.° don Iñigo López de Mendoza, que tuvo en 1 11 7 la ciu¬ dad de Calahorra por el rey don Alonso de Aragón y Castilla: 3.° don Lope López de Mendoza, rico- liome en tiempo de don Alonso, el Emperador: 4.° don Iñigo López de Mendoza, que se halló en la batalla de las Navas: 5.° don Lope López de Mendoza, señor de la villa de Bañares por los años de 1232: 6.° don Ruy López de Mendoza, almi¬ rante de Castilla en tiempo del rey Sabio: 7.° don Lope Ruy de Men¬

doza, que murió en la batalla de Arala: 8.° don Diego Furlado de Mendoza, llamado asi porque fue robado en su infancia y llevado á Alava: 9.° don Diego, hijo segundo del mismo, quien casó con doña Maria , hija de Juan Furlado de Mendoza, el barbudo: 10 don Diego Furtado de Mendoza: 11 don Gon¬ zalo Yañez de Mendoza , que flo¬ reció en tiempo de Alonso 11: 12 Pero González de Mendoza: y 13 don Diego Furlado de Mendo¬ za, padre del primer marqués de Santillana (Bat. y Quinq., Bal. I, dial. 8).

13 Los mayorazgos de Hila y de Builrago fueron estatuidos en 1380, y confirmados por el rey don Juan I en el mismo año, manifes¬ tándose aquel monarca muy satis¬ fecho de los servicios de Pero Gon¬ zález de Mendoza. En 1383 funda¬ ban este y su esposa doña Aldonza de Ayala, hermana del gran canci¬ ller Pero López , el mayorazgo del Real de Manzanares, que instituye¬ ron en su hijo don Diego en 17 de enero de 1385. (Archivo de Infan¬ tado, cajón 8, leg. 1, núms. 4 y 5; caj. 2, leg. 5, núm. 4; caj. 3, leg. 9, núm. 1.)

9

X

VIDA

bertad de su monarca u. Heredóle su primogénito don Die¬ go Hurtado de Mendoza , el mas acaudalado caballero de su tiempo 15, quien por muerte de don Alvaro Perez de tíuzman, se vio elevado á la dignidad de Almirante mayor de Castilla, cargo ejercido ya en siglos anteriores por al¬ guno de sus ascendientes y que llegó a darle tanta pre¬ ponderancia en la córte , « que el rey don Enrique III se quexaba de su soltura é atrevimiento » 16 . Casó don Diego dos veces; la primera con doña María de Castilla, hermana del rey don Juan I, en la cual hubo á un Pero González de Mendoza que murió desgraciadamente en Madrid, siendo niño 17 , y á doña Aldonza de Mendoza , muger que fue ade- lante del conde don Fadrique de Castro: la segunda con doña Leonor de la Vega, rica hembra, pingüemente here¬ dada en las Asturias de Santillana , viuda ya de don Juan de Castilla, hijo del conde don Tello 18. Dióle doña Leonor numerosa descendencia en don García, .don Iñigo, Elvira,

-14 Esle hecho memorable, y digno de los tiempos heroicos, fue consagrado por la poesía popular en aquel bellísimo romance , que empieza :

El caballo vos han muerto, subid, rey, en mi caballo, etc.

Es por cierto una circunstancia, dig¬ na de recordarse, la de haber muer¬ to también en esta desastrosa bata¬ lla don Pedro de Aragón, padre del lamoso don Enrique de Villena. (Pellicer, Ens. de una bibl.detrad., pág. 58.)

-15 Fernán Perez de Guzman, Gen. ySembl., cap. IX. Don Diego Hurtado de Mendoza habia reunido en sus manos los mayorazgos que fundaron Pero González y doña Al¬ donza á sus hijos Fernando, Juan y Pedro, muertos sin sucesión, álo cual agregó multitud de compras que hizo en Guadalajara y otras

partes en 1401. (Test, del Alm., arch. de Inf. caj. 8, leg. i, núm. 5.)

16 Gen. ySembl., cap. IX.

17 Libro de los linages de Es¬ paña , estimable MS. que se cus¬ todia en el arch. de Inf. ; casa de Mendoza, fol. 124 y sigs.

18 Doña Leonor de la Vega descendía del noble cuanto desgra¬ ciado GaVcilaso de la Vega, muerto el año 1351 en la ciudad de Burgos (Crón. del Rey don Pedro, cap. 6). No habia salido aun de la infan¬ cia su hijo, del mismo nombre, cuando fue llevado á las Asturias de Santillana, para sustraerle de la saña del soberano, uniéndose des¬ pués á doña Mencia de Cisneros, de quien tuvo á doña Leonor , y pa¬ sando de esta vida en 1367, toda¬ vía en la flor de su juventud. Doña Leonor era por tanto única herede¬ ra de los Garcilasos y de la casa de

XI

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA .

Teresa y don Gonzalo 19. Nació Iñigo lunes 19 de agosto de 1398 en la villa de Camón de los Condes, y destinába¬ le don Diego al señorio de Tordehumos, cuando muerto don Garcia en 1403, dispuso la Providencia que sustitu¬ yese al primogénito en el derecho á los mayorazgos funda¬ dos por sus abuelos 20. El prematuro fallecimiento de aquel procer, acaecido en julio de 1404 2I, le dejó entregado ex-

la Vega, con todos sus estados.- (Arch. de Inf. , caj. 8, leg. t, núm. 8.)

19 Don Tomas Antonio Sán¬ chez, siguiendo la autoridad del jesuíta Fernando de Pecha (Hist. MS. deGuadalaj., fols. 138 y 39), observa que cuando murió el almi¬ rante, tenia el futuro marqués siete años , seis Gonzalo Ruiz y cinco Mencia, hermana de ambos, supo¬ niendo que hubieron de quedar huérfanos de padre y madre (Colee, de poes. ant. I. I, pág. 11). Mas prescindiendo ahora de la muerte de doña Leonor, cual de mera in¬ vención de los genealogistas, con¬ viene advertir que ni contaban los hijos de don Diego la edad referida, ni existió tampoco la doña Mencia, que aqui se nombra. El almirante decia, al designarlos tutores de sus hijos en el testamento otorgado á 2 de abril de 1400 en el Espinar de Segovia : « Otrosi dexo por tutores «délos dichos Garcia é Iñigo, Elvi- «ra é Teresa, mis fijos y de la dicha «dona Leonor, mi muger, é de los «bienes dellos á la dicha dona Leo- «nor é á Pero López de Ayala , mi «tio, é á Juan F urtado de Mendoza, «mi tio, etc.» De manera que no habia nacido aun en 1400 Gonzalo Ruiz de la Vega, quien vió la luz del dia el siguiente año; y ni antes ni después se halla relación alguna

de tal doña Mencia, como hija del almirante y de doña Leonor de la Vega. De la edad que tenia el futuro marqués, al morir su padre, habla¬ remos en la nota 21.

20 Don Diego declaraba en 1400 mayorazgo, y como á tal le dejaba los señoríos de Hita, Buitrago, el Real y Hermandades de Alava á su hijo don Garcia, primogénito del segundo matrimonio, imponiéndole la obligación de trocar el nombre que llevaba. Dice asi : «Otrosi man- »do que á mi fijo Garcia que le mu- «den el nombre é le llamen Johan «Furtado de Mendoca; é mandóle «las villas de Hila é Buylrago , é el «Real de Mancanares é la casa de «Mendoca, con los mis logares de • «Foncoa é Arenís é Ochávarri é «Domayquia é las Hermandades, «etc., etc., etc.» Después determi¬ naba la herencia de doña Aldonza, hija habida en doña María de Cas¬ tilla, y añadía :« Otrosí mando á «mi fijo Iñigo la mi villa de Otorde- «fumos, con sus aldeas, é vasallos, »é rentas, é pechos, é derechos, é «montes, é rios, é prados, é pastos, > «etc.» (Arch. de Inf., caj. 8, leg. I, núm. 5). Don Garcia pasaba de esta vida á los siete ú ocho años de edad (Arbol genealógico de la casa de Mendoza, Arch. de Inf.).

21 Cuantos escritores han ha¬ blado del almirante y del marqués,

XII

VIDA.

elusivamente á los cuidados maternos, viéndose forzada la ilustre nieta de Garcilaso de la Vega á sostener, como tuto- ra de su hijo, porfiada lucha con los proceres de Castilla, sus deudos, quienes merced á la revuelta de los tiempos, creyeron oportuna ocasión de engrandecimiento la horfan- dad de los hijos del almirante, cuyas riquezas envidiaban. Los primeros pasos de doña Leonor se dirigieron á poner á Iñigo López de Mendoza en posesión de los estados de Castilla, pudiendo tanto su diligencia que en 3 de noviem¬ bre del referido año le reconocían por legítimo señor el concejo y procuradores de Buitrago, y jurábales en cambio guardar sus buenos usos y franquezas 22. Lo mismo suce¬ día cuatro meses después respecto de Hita, cuyo vecinda¬ rio hacia en 15 de marzo de 1405 pleito homenage al nieto de Pero González de Mendoza , recibiéndole en la villa y poniéndole en entera posesión de su imperio 23.

Favorecía sin duda estos justos designios de tan noble señora la autoridad de los demas tutores nombrados por don Diego, entre quienes se contaban el gran canciller Pero López de Ayala y el presfamero mayor de Vizcaya, Juan Hurtado de Mendoza , sus tios n; mas como no pareciese

incluso Fernán Pérez de Guzman, lian fijado la muerle del primero en 1405; pero con notable error. Don Diego Hurlado de Mendoza otorgó en Guadalajara , á 5 de mayo de 1404, su último codicilo , en que llamaba al mayorazgo á su hijo Iñi¬ go, y confirmaba en lodo lo demas el testamento hedió en 1 400 (Arcli. de Inf., caj. 8, leg. 1 , núm. 6). Y co¬ mo quiera que declara en él hallar¬ se gravemente enfermo , no sin ra¬ zón se deduce que hubo de pasar de esta vida los meses adelante , lo cual asienta de una manera conclu¬ yente don Luis de Salazar, único que tuvo antes de ahora á Ja vista

fidedignos documentos. Que esto es asi lo prueban palmariamente los hechos que vamos narrando. Iñigo López de Mendoza solo tenia- en consecuencia seis años escasos, á la muerte de don Diego, su padre.

22 El juramento y toma de po¬ sesión de la villa de Buitrago se hizo por ante Miguel Ferrandez y Ferrand Sánchez, escribanos públi¬ cos de los reinos, según consta del instrumento que hemos examinado en el Arch. de Inf. , caj. I , leg. 2, núm. I.

23 Arch. de Inf. , caj. 2, leg. 5, núm . 5.

24 Vide la nota 19.

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. XUI

conformarse con lo dispuesto por los curadores y albaceas doña Aldo.nza, hija de las primeras nupcias, movió pleito á sus hermanos y principalmente al heredero del mayorazgo, sobre la pertenencia y posesión del Real de Manzanares, confiada sin duda en el poderío que á la sazón alcanzaba su esposo, el conde de Trastamara. Metíase al mismo tiem¬ po en Guadalajara Iñigo López de Mendoza , hermano del almirante y señor de Relio , y aposentábase en los palacios de su sobrino, sin mas derecho que la fuerza, mientras Garci Fernandez Manrique alteraba los estados de Santi- llana, poniendo en tela de juicio los derechos de doña Leo¬ nor de la Vega y sus mayores 25, é intentaba doña Mencia Garcia de Ayala retener las alhajas de plata y oro, aljófar, paños y ropas, que en el testamento de don Diego se adju-

25 Garci Frnandez Manrique, marido de doña Aldonza de Casti¬ lla, hija de don Juan y doña Leonor de la Vega, pretendía fundar su derecho al señorío de los valles de Liévana, Potes, etc., en un privile¬ gio concedido por don Enrique II al expresado don Juan, en que le do¬ naba la villa de Aguilar de Campoo, con las demas villas y lugares de tierra de Liévana, Pernia, Santa Agueda, Castañeda, etc. Pero estos bienes que , según el Manrique, se habían dado en arras á doña Leo¬ nor, no habían sido reclamados en tiempo del almirante, ni podian serlo ahora legítimamente, puesto que , incluidos en las mercedes en- riqueñas que por testamento del mismo rey volvieron á la coro¬ na, se habia menester nueva do¬ nación para poseerlos, lo cual ha¬ bia sucedido respecto de Aguilar y Castañeda. Militaban por otra parte contra Garci Fernandez Manrique tales razones, que no podian oscu¬ recerse á los jueces que en estas

contiendas entendieron. Gonzalo Ruiz de la Vega habia en 1341 ob¬ tenido del rey don Alonso XI el do¬ minio de todos estos valles: á su muerte fueron vendidos por sus testamentarios Juan Martínez de la May ona y Pero Diaz de Azedo á Gar- cilaso de la Vega , de donde como legítima herencia pasaron á doña Leonor, su nieta, en forma de mayo¬ razgo; y cómo este derecho era lasti¬ mado por las pretensiones del Manri¬ que, y no podía doña Leonor, sin¬ gravar su conciencia, despojar á su hijo Iñigo de lo que conforme al espí¬ ritu de las leyes le correspondía, hu¬ bo de oponerse con ánimo resuelto á lo que reputaba como despojo, logrando al cabo el triunfo de su justicia. Ni se concibe de otra ma¬ nera cómo una madre tan amante de sus hijos, pudiese negar á su pri¬ mogénita lo que era realmente su¬ yo, echando sobre sí el negro bor¬ rón de ambiciosa y desnaturalizad'a. Estas contiendas se reproducen mas adelante.

XIV

VIDA

dicaban á los hijos del segundo matrimonio 26. Largos dis gustos produjeron en doña Leonor semejantes contradic¬ ciones, habiendo menester acudir al rey don Enrique, para evitar mayores contratiempos. Habían resuelto los alba- ceas de don Diego poner en secuestro por el espacio de cinco meses el Real de Manzanares, juzgando que basta¬ ría este tiempo para que se probase el mejor derecho 27; y el monarca de Castilla nombró por juez árbitro de aquellas diferencias á don Juan , obispo de Sigüenza , cuya rectitud é integridad parecían ser fiadores de un pronto acomoda¬ miento 28 . Pero ni logró el obispo ser respetado igualmen¬ te de ambas partes, ni se guardó siquiera la neutralidad del secuestro, viéndose los tutores de Iñigo en la necesi¬ dad de requerir á los procuradores y diputados del Real, para que cobrasen y retuviesen en sí todas las rentas y frutos de aquel estado. Don Juan emplazaba por último en 27 de marzo de 1406 á doña Aldonza, para que compare¬ ciese en Alcalá de Henares, donde tenia su audiencia, pues que se había negado á otros llamamientos 29; pero no fue esta vez mas eficaz el buen deseo del obispo.

La muerte de don Enrique vino entre tanto á hacer mas penosa la situación de aquella madre , cuya tierna solicitud hallaba en todas partes tan vivas mortificaciones , crecien¬ do mas y mas sus conflictos con la falta del gran can¬ ciller Pero López de Ayala, llorado en los primeros meses de 1407. No desmayó sin embargo doña Leonor en la noble empresa que había echado sobre sus hombros, y acudiendo de nuevo á la autoridad del soberano, obtuvo de los gober¬ nadores don Fernando y doña Catalina cédula, para que el obispo de Sigüenza pusiese término á aquellas ruinosas di¬ sensiones; requiriendo al mismo tiempo por medio de Juan Gallego á los procuradores del Real de Manzanares, á fin de

• 26 Areh. de Inf., caj. 8, leg. 9, num. 4.

ti Id. caj. 3, leg. 12, núm. 1.

28 Id. caj. 8, leg. 19, núm. 7.

29 Id. caj. 3, leg. 9, núm. 6.

XV

DFX MARQUÉS DE SANTILLANA.

que guardáran el secuestro decretado por don Enrique , y en caso de dar posesión , entregasen aquel estado á Iñigo López de Mendoza 30. Ni descuidaba tampoco los demas asuntos, que al bienestar de sus hijos correspondían: en 17 de marzo de aquel año declaraban á su instancia los oi¬ dores Juan González de Acebedo y Juan Alfonso de Toro que los valles de Carriedo, Villaescusa, Gayón, Camargo, Cabezón y el Alfoz de Laredo estaban comprendidos en los privilegios de Gonzalo Ruiz de la Vega, y debían por tanto los moradores de ellos acudir á doña Leonor con todos sus pechos y contribuciones 31 : en 20 de abril se obligaba el señor de Relio con doña Inés Manuel, su esposa, á pa¬ gar 2,000 mrs. anuales, para atenderá la conservación y reparo de los palacios de Guadalajara, reconociendo en escritura pública que había entrado á vivir en ellos por las familiaridades que tenia con su sobrino Iñigo , lo cual equi¬ valía á confesar el atropello anteriormente cometido 32. Mas si doña Leonor restauraba en esta forma los derechos su¬ yos y de sus hijos respecto de los indicados valles y de Guadalajara, adquiriendo para Hita y Buitrago mercedes y franquicias 33, no aflojaban por cierto laspretensionesdel conde de Trastamara sobre el Real de Manzanares, ni ce¬ jaba un paso don Garci Fernandez Manrique en lo de Lié— vana, Pernia y Campoo de Suso., empleando ambos la fuer¬ za de las armas, para apoderarse de aquellos opulentos des¬ pojos del almirante. Los gobernadores de Castilla manda-

30 Id. caj 9, leg. 10, núm. 1, y caj. 3, leg. 10, núms. I, 2 y 3.

31 Memorial ajustado á favor de la casa de Infantado sobre la propie¬ dad de los valles de Sanlillana (Real Acad. de la Hist., bibl. de Sal. tom. 27, fot 15).

32 La escritura en que Iñigo López de Mendoza, señor de Re¬ lio, reconocia el derecho de su sobrino á las casas maijores de

Guadalajara, se otorgó ante Gon¬ zalo Alfon , escribano de la misma villa, custodiándose el correspon¬ diente traslado, autorizado en forma, en el Arch. de Inf. caj. 14, leg. 6, núm. 4.

33 El privilegio á que en este lugar aludimos, tiene la dala de 15 de marzo de 1408 (Arch. de Inf., caj. 3, leg. 6, núm. 6).

XVI

VIDA

ban, en nombre del rey don Juan, ya entrado el año de 1408, que don Fadrique desalojase los pueblos, villas y castillos del primer estado u, mientras hacia doña Leonor todo linage de esfuerzos para recuperar lo usurpado en el segundo por el señor de Castañeda , quien se veia al cabo obligado á ceder en 24 de abril de 1409 la casa de la Ve¬ ga, y en 8 y 28 de mayo siguiente todo lo de Potes y Lié- vana, con sus pertenencias y aledaños 35. Mas no llegaba doña Leonor á este feliz término , sin que fuesen los valles de Santillana teatro de robos y sangrientas escenas: Gar- ci González Orejón, parcial de los Manriques, entró á ma¬ no armada en la jurisdicción de Potes, cometiendo todo género de violencias en sus moradores , quienes no pu¬ dieron ser parte á estorbar el estrago hecho en los bienes de su señora, por carecer de armas y hallarse desaperci¬ bidos ; mas no faltaron algunos valientes montañeses, que bajo la conducta de Pero Gutiérrez de la Lama acu¬ dieran á la defensa de sus hogares, rechazando con el hierro aquella invasión injusta 36 .

3'4 Id. caj. 3, leg. 2, núm. 5.

35 Por cédala expedida en ene¬ ro de 1409, habían mandado los gobernadores á Garci Fernandez Manrique que desalojase las merin- dades de Liévana, Pernia y Cana-- poo de Suso ; pero sordo á los pri¬ meros requerimientos de doña Leo¬ nor , hechos en 4 de febrero y 22 de abril (Arch. de Inf., caj^l, leg. 1, núms. 12 y 13), hubo menester re¬ petirlos 'con mayor instancia, obe¬ deciendo ya entonces el Manrique los mandamientos de doña Catalina y don Fernando. Juan Alvarez As- tudillo y Gutierre de Sepúlveda, recibieron de manos de Juan Martí¬ nez de Aguilar la casa y torre de la Vega (Id. caj. 10, leg. 1, núm. 15), y García Gómez de Hoyos y Pero

Fernandez de Castillo tomaron po¬ sesión de Potes, Pernia, etc. (Id. caj. 10, leg. 1, núm. 16).

36 Es por cierto un documento digno de estudio la protesta, fecha¬ da en Potes á 30 de junio de 1409, y hecha por los vecinos y morado¬ res de los valles de las Asturias de Santillana contra las violencias co¬ metidas por Orejón y sus soldados; documento en que resplandecen á la par el mas puro afecto y la leal¬ tad mas acrisolada. Los vasallos de doña Leonor se quejaban amarga¬ mente de no haber podido mostrar su hidalgo valor á los agresores, á quienes califican con la mayor du¬ reza (Arch. de Inf., caj. 10, leg. 1, núm. 20). Pero si curioso es este documento, no nos lo parece me-

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. XVII

Procuraba entre tanto la viuda del almirante hacer alian¬ za con las familias mas poderosas de Castilla , á fin de opo¬ ner activa resistencia á las vejaciones que experimentaba; y con este propósito concertó con don Lorenzo Suarez de Figueroa, gran maestre de Santiago, el matrimonio de sus • hijos Iñigo y doña Elvira con doña Catalina y Gómez Sua¬ rez, que lo eran del gran maestre y de doña Maria de Ho- rosco , su legítima muger, ya difunta. Celebrábanse los contratos matrimoniales á 17 de agosto de 1408 en la villa de Ocaña , donde ambas familias residian 37 ; y cómo entre los desposados existiese algún parentesco , acordaron soli¬ citar del Sumo Pontífice la oportuna dispensación , que¬ dando en tanto concluidos los capítulos y señaladas las do¬ tes respectivas de doña Elvira y doña Catalina en 15,000 florines de oro del cuño de Aragón , que debían entregarse mútuamente, al hacerse las bodas, Iñigo y don Gómez 38.

nos la carta que en 15 de abril ha¬ bía dirigido á doña Leonor, su se¬ ñora, Pero Gutiérrez de la Lama, remitiéndole una lista circunstan¬ ciada de los que habian acudido á la persecución de los malhechores (Id- caj. 19, leg'. I , núm. 21).

37 Los capítulos matrimoniales empiezan de este modo: «En la » villa de Ocaña viernes 17 dias de «Agosto año del nascimiento de »Ntro. Señor Jhu. Xpo. de mili é «quatrocienlos é ocho años, en la «posada que fué de Pero López de «Horosco, comendador que fué de «Uclés, quesen la dicha villa donde «posan las onorables sennoras do- »ña Mencia de Qisneros é doña Leo- «nor de la Vega, su fija, muger «que fué del almirante don Diego «Furlado de Mendoca , que Dios «perdone, estando y las susso di- «chas sennoras, é otrosí estando y «el magnífico señor don Lorenco

«Suarez de Figueroa , maestre de «la Orden de la cavalleria de Sane- «tiago, é essomesmo Gómez Sua- «rez, su fijo, mayordomo mayor «de la reyna doña Calhalina, é Iñi- »go López, fijo del dicho almirante, «é de la dicha dona Leonor, etc.» (Pieal Acad. de la Hist. , bibl. de Sal., Escrit., t. M. 9 ; Arch. de InL, caj. 8, leg. 1 , núm. 5.)

38 Asi Gómez Suarez de Figue¬ roa, como Iñigo López, se consti¬ tuyeron por estos capítulos en de¬ positarios de las respectivas dotes de sus hermanas , obligándose á restituir los indicados 15,000 flori¬ nes, ya por muerte sin sucesión de doña Catalina , ya de doña Elvira, y asi al maestre de Santiago, ó sus herederos, como á doña Leonor de la Vega, ó sus hijos, y renunciando á toda mandaó memoria que pudie¬ sen recibir de ellas, aunque lícita y autorizada por las leyes. (Utsupra.)

XV11I

VIDA

Dos dias antes habían otorgado doña Mencia de Cisneros y doña Leonor (á nombre de su hijo y nieto, y allanándose á ser tenidas por infames, perjuras y fementidas39, si falta¬ ban á su promesa) carta de arras, en que se declaraba que Iñigo López de Mendoza daría á doña Catalina, por hon¬ ra de su cuerpo é de su linage é de su virginidat, 7,000 flo¬ rines de oro del mismo cuño de Aragón , sobre bienes su¬ yos sueltos é desembargados , tales que contentasen al gran maestre. Prometía también el nieto de Pero González de

Mendoza en paños y preseas

39 Esta cláusula de la Carta de arras es digna de ser conocida de los lectores: «E si lo asi todo non «ficieren nin complieren las dichas «doña Mencia é doña Leonor (dice) »cada una del las á lodo su leal po- »der, é en ello ó en alguna parle «dello fallescieren de lo faceré com- »plir, como en esta carta se contie- »ne, que sean por ello ellas é cada »una dellas perjuras é infames é fe- «mentidas, é que en corle de rey ó »de otro qualquier príncipe ó señor »ó en otro qualquier logar, en placa »é fuera de placa sean relraydas »dello, sin pena alguna , por qual- «quier persona, é quellas non pue- »dan responder á ello cosa alguna »é que non sean pares nin eguales »de otras señoras é dueñas fijas- «dalgo de qualquier estado ó con- «dicion que sean. a (Real Acad. de la Hist. , bibl. de Sal., tom. 9 de Escrit., fol. 136 vio. ; Arch. de Inf., caj. 8, leg. 1, núm. 4.)

40 Y no parbee menos inte¬ resante la siguiente para la his¬ toria indumentaria de la época, de que vamos tratando: «E otro¬ sí (dice después de señalar los «7,000 florines) que le dará pa- ara las bodas estos paños é joyas

no despreciable suma 40, y

»é cosas que se siguen : Primera- «rnenle un par de paños de tapete «colorado con oro de Grecia labra¬ ndo, enforrado en pennas veras é «perfiles d’armiño. Mas , un marco j)de aljófar mediano , para una bro- «chadura, para el dicho par de pa- «ños ; é mas, de le dar otro par de «paños de oro de Damasco sobre «verde con pennas grises; é mas, «de le dar tapete prieto de París, «llano, para manto é capirote para «camino y pennas grises para los «enforros ; é mas , de le dar veynte «varas descarlata, para otro par de «paños é para otro manto de cami- «no ; y para saya una pieca de cen- «dal vastado con oro, para este par «de paños y para el manto; é una «brochadura de ámbar, para estos «paños , que sean gruessos é recios «de los que se facen en Sevilla que «haya en ella ochenta lacos ; é mas, «diez varas de cintas de oro anchas «de las de Sevilla para esquirpas «para estos paños; é mas, de le «dar un paño de seda morisco para «un brial; é mas, una pieca de pa- »ño de Moslreviller é una pieza de «jafe llano ; é mas, de le dar una s¡- «11a de paño broslada é un freno é «un cayado; é mas, de le dar qua-

XIX

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

•

autorizaba estos contratos con poder bastante de Juan Fur- tado de Mendoza, su tutor, Fernán Gutiérrez de Sepúlve- da, vecino de Buitrago 41 . La muerte de don Lorenzo Sua- rez de Figueroa, acaecida en el siguiente año de 1409 43, llenó de luto á.tan ilustres señoras, quienes no solamente veian malogradas sus esperanzas , desvanecida la protec¬ tora sombra del magnífico maestre , sino que lloraban perdi¬ do aquel ejemplo de caballerosa hidalguía para don Iñigo, cuya educación tantos desvelos les costaba.

Asientan la mayor parte de los historiadores y genealo- gistas, al hablar del primer marqués de Santillana, que ocupó este su niñez en el estudio de la lengua latina , re¬ tórica, erudición y filosofía, adelantándose algunos á in¬ cluir en dichos estudios la historia castellana, y asegurando que empleó tales desvelos, como si le hubiesen de dar tempo¬ rales aumentos 43 . Mas los que de esta manera discurren, ni señalan la escuela , donde recibió el hijo del almirante tanta doctrina , ni dan tampoco razón de sus maestros: para nosotros es indudable que solo, al reconocer sus obras, se han podido fundar asertos semejantes, los cuales

«renta varas de cintas de oro de las »de Sevilla, tan anchas como medio »dedo, para los paños 'de Mostrevi- »ller ó otras quarenta varas de cin¬ tas de oro muy angostas, para las »sayas ; y qualro oncas de brocha- »duras de Sevilla lorecinas menu- «das, para estos paños que sean de »lreynta en onca.» (Id., id.)

41 El indicado poder fue otor¬ gado en Guadalajara, donde á la sazón se hallaba la córte, el dia 2 de agosto, ante el escribano Lope F er- randez de Paladinas, y se halla in¬ serto al final de la referida carta de Arras (Arch. de Inf. ut supra).

42 Crónica de don Juan II, año IV, cap. X de la ed. de Monfort.

43 Demas de lo que dice Sán¬

chez (fols. II y III) alegando á Alon¬ so Nuñez de Castro (Hist. de Gua¬ dalajara, párr. III, pág. 139) y Fer¬ nando Pecha, debe tenerse presente cuanto Rodrigo Mendez de Silva apunta en su Cronicón genealógico, MS., de los condes de Villardonpar- do, de quienes fue cabeza el mar¬ qués de Santillana. Pero todos estos elogios no salen de la esfera de las conjeturas, pues que entre la mul¬ titud de documentos originales que hemos examinado , desconocidos hasta ahora, no se halla ninguno por donde se puedan confirmar es¬ tas gratuitas declaraciones , algu¬ na de las cuales niega rotundamen¬ te el mismo don Iñigo, según en su lugar advertiremos.

XX

VIDA

no se apoyan en documento alguno. Sábese únicamente, y esto lo confiesa el mismo clon Iñigo44, que pasó su infan¬ cia en casa ele doña Mencia de Cisneros , su abuela , donde hubo de. aficionarse á la lectura de los poetas en los códi¬ ces que poseyeron Garcilaso de la Vega y. Pero González de Mendoza, despertándose desde entonces en su pecho aquel extraordinario amor y entusiasmo que tan alto pues¬ to debía conquistarle en la república de las letras. Es creí¬ ble, no obstante, que una madre tan solícita como doña Leonor, y una abuela tan ilustrada como doña Mencia, atendiesen con preferencia á formar el corazón del niño, que debía heredar la gloria y poderío de sus mayores ; y no faltando en sus palacios doctores tan entendidos como Alon¬ so de Salamanca y Pero Sánchez de Castillo , ni bachilleres tan aplicados como Alfonso Fernandez de Valladolid, Pedro Alfonso de Sevilla y Mateo Sánchez, natural parece que tuviera alguno de ellos á su cuidado la educación literaria de Iñigo, no limitándose ya al ejercicio de las armas la en¬ señanza de los magnates de Castilla. Participaba de la que este recibía su primo Fernand Alvarcz de Toledo , sobrino del arcediano de Guadalajara clon Gutierre, quien le mira¬ ba con singular cariño y. le criaba con esperanzas de herede¬ ro; y es por tanto verosímil que el celoso arzobispo, que algunos años adelante se afanaba por ministrar á los hijos de Iñigo López de Mendoza una educación literaria digna de su cuna, procurase atender á la de ambos garzones, que daban ya en aquellos tiernos años claras pruebas déla amis¬ tad que debía ligarlos toda su vida , mostrando unas mis¬ mas inclinaciones, asi en las artes déla paz como en las co¬ sas de la guerra 43. Mas el heredero de los Mendozas y Garcilasos no se apartó, durante su infancia, del lado de su madre, quien animada siempre del noble deseo de su engrandecimiento, obtenía en diciembre de 1412 cédula

44 Carta al Condestable , pági¬ na 12.

4t> Prohemio al Diálogo de Bias contra Fortuna , pág. 147.

XXI

DEL MARQUÉS DE SAN TILLAN A.

de la reina gobernadora doña Catalina para que Diego López de Medrano y el prestamero mayor de Vizcaya le entregasen los bienes , rentas y frutos de la testamentaria del almirante 46 .

Esta pretensión había sacado de Ocaña á doña Leonor de la Vega, y acercándose entre tanto el cumplimiento del plazo fijado para los desposorios de su hijo , que rayaba ya en los 14 años, dirigióse á Valladoíid, donde se halla¬ ban don Gómez Suarez de Figueroa y doña Catalina , su hermana , con el intento de poner por obra el menciona¬ do concierto. Reuníanse ambas familias un domingo, 21 de junio, en las casas de Luis Alfon, situadas en la ca¬ lle de San Juan de aquella villa ; y en presencia de Pero Manrique, adelantado mayor de León, y de los escribanos Diego Fernandez de Castrovernes y Juan Rodríguez de la Parrilla, ratificaba Iñigo López de Mendoza, con li¬ cencia de su madre y abuela, todas las promesas hechas en 1408, siendo solemnemente desposado con doña Ca¬ talina por el prior de Santa María , la mayor , don Ruy Martínez de las Heras 47. No se verificaba esto sin que an¬ tes fuese presentada y leída la dispensación, ganada del Sumo Pontífice, sobre el deudo de ambos contrayentes; y

46 La cédula á que nos referi¬ mos, fue refrendada porSancho Ro¬ mero, y se custodia traslado auto¬ rizado de ella en el Arch. de Inf., caj. 9, leg. i, número 47.

47 En la escritura de los prime¬ ros desposorios , que original tene¬ mos á la vista , se lee : « E luego el «dicho Ruy Martínez tomó las ma- »nos derechas de los dichos Iñigo «López é doña Cathalina,é pregun¬ tó al dicho Iñigo López si se otor- «gava por esposo é por marido de ala dicha doña Calhalina, segund »que manda la Sancta Madre Igle- «sia, é el dicho Iñigo López respon-

«dió, y dixo que si olorgava y otor- »gó, é que rescebia é reseebió á la «dicha doña Calhalina por su espo- «sa ó por su muger. É'eso jnesmo «preguntó el dicho don Ruy Marti- «nez , Prior , á la dicha doña Catha- «lina que si ella se otorgava por «esposa é por muger del dicho Iñi- »go López , segund que manda la «Sancta Madre Iglesia; é la dicha «doña Calhalina respondió, é dixo «que sí olorgava y otorgó, é resce- «bia é reseebió al dicho Iñigo López «por su esposo é por su marido« (Arch. de Inf., caj. 8, leg. 1, núm. 6).

XXII

VIDA

como no había cumplido el hijo del almirante la edad pres¬ crita por los cánones para celebrar el matrimonio, obligóse á solemnizarlo lo mas presto que buenamente pudiese, ha¬ ciendo pleito homenage en manos de Pero Manrique una, dos y tres veces de « tener é guardar é complir » todo lo prometido. Pero si de esta manera veia doña Leonor cre¬ cer sus esperanzas , aproximándose ya el término de sus desvelos , bien que importunada siempre por nuevos plei¬ tos y desmanes 48, la prematura muerte de doña Teresa de la Vega , la menor de sus hijas , vino á llenar de luto su tierno y amorosa corazón , comparable solo en la solicitud y perseverancia al de la gran reina de Castilla , que un si¬ glo antes había luchado contra la ambición y la codicia, para salvar de sus garras la herencia de Fernando IY y Alonso XI 49 .

Había España presenciado en este tiempo uno de aque¬ llos espectáculos que rara vez se ofrecen en la historia de las naciones: nueve hombres encerrados en el castillo de Caspe decidían pacíficamente la gran cuestión suscitada por los diferentes príncipes , que aspiraban á la corona de Aragón, declarando por boca de fray Vicente Ferrer que era don Fernando, infante de Castilla, el mas digno de sentarse en el trono de don Jaime. Agradecida la madre de don Juan II á los servicios del conquistador de Ante¬ quera, mostraba en tan solemnes momentos su magnifi-

48 También los abades de San- tillana y de Cervera de Pisuerga movieron pleito á doña Leonor so¬ bre la propiedad de ciertos bienes, que había gozado pacíficamente el almirante, viéndose obligada á so¬ licitar la intervención de los go¬ bernadores del reino, para que se apartasen de aquella demanda. Consta igualmente que Ruy Gu¬ tiérrez de Lusa y Pero Perez de Giienar dispulaban sobre ciertos

derechos al Alfonil del fierro de. la villa de Santander, los cuales cor¬ respondían á la casa de Cisneros (Arch. de Inf. , caj. 9 , leg. 5, núm. 5).

49 Doña Teresa de Mendoza fue desposada con Alvar Carrillo de Albornoz, de quien dejó á Gómez Carrillo y doña Leonor Laso, nom¬ brando tutor de los mismos á su hermano Iñigo López de Mendoza (Id. caj. 8, leg. 1, núm. 18).

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. XXIII

cencía y largueza para con don Fernando, acudiendo á los gastos de su coronación con gran suma de maravedises y enviándole , para mayor honra , la corona que había ceñi¬ do las sienes de su padre don Juan I , en ocasión seme¬ jante 50. Y no fue sola doña Catalina quien se preció de afecta y devota á las extraordinarias virtudes que en el infante resplandecían : lisongeada la nobleza castellana de que un hijo de sus reyes fuese llamado á imperar sobre el generoso pueblo de Aragón, Valencia y Cataluña, acudió en gran número á solemnizar con la pompa y fausto de sus cortejos aquella augusta ceremonia, única en los analesdel siglo XV. Obispos, abades, infantes, ricos-homes y caba¬ lleros se aprestaron para partir á Zaragoza , con los prime¬ ros dignatarios del reino , compitiendo hidalgamente , asi en el número de pages, donceles y escuderos como en la bizarría de sus caballos y en la riqueza y variedad de pa¬ ramentos , ropas y preseas.

Contábase en aquella regia comitiva entre otros proce¬ res de su prosapia, Iñigo López de Mendoza, señor de Hita y de Buitrago, y era esta la vez primera que por su fortuna tomaba parte, en los asuntos públicos. Lo extraor¬ dinario de aquellos acontecimientos , en que rivalizaba al par la grandeza de tres poderosas naciones ; la suntuosidad y largueza de don Fernando en pagar próvidamente el in¬ signe obsequio, que de magnates y caballeros recibía, y la magestad de tan brillante ceremonia, enaltecida por la reli¬ gión, todo contribuía á llenar de entusiasmo el alma noble del hijo del almirante , engendrando en ella sentimientos elevados y estimulándole á practicar las ideas de verda¬ dera hidalguía, que asaltaban su mente á vista de tan altas lecciones. Mas no solo debía sacar Iñigo López de Mendo¬ za fructuosa enseñanza en aquella triple escuela de la ca¬ ballería, que al rededor del trono aragonés se había congre¬

go Crón. de don Juan II, año 1414, cap. I de la ed. de Monfort.

XXIV

VIDA

gado 51 : brillaba por su ciencia al lado del rey don Fernan¬ do un magnate de Castilla , bien que de la sangre real de Aragón, cuya justa fama le presentaba á los eruditos de su tiempo cual respetable oráculo. Para festejar á su primo, habia compuesto don Enrique de Aragón una farsa ó come¬ dia, donde siguiendo el gusto que empezaba á dominar en su tiempo, introducía y personificaba la Justicia , la Verdad, la Paz y la Misericordia; espectáculo que representado el dia de la coronación , apareció como una verdadera nove¬ dad fuera de las iglesias, en cuyo recinto hallaban única¬ mente asilo las representaciones dramáticas 52. El éxito que naturalmente debía producir una obra, escrita en tal so¬ lemnidad y por tal personage , fue para el joven señor de Buitrago un saludable aviso de que habia otra gloria, acaso mas legítima que la gloria de la cuna y de las armas, en¬ cendiéndole vivamente en el deseo de poseerla. Desde este mismo instante comenzó , pues , á hacer prueba de su ta¬ lento en el cultivo de la poesía, presintiendo sin duda que le tenia señalado la Providencia un lugar distinguido en ía historia de las letras españolas, y deseando sostener aun en este terreno la merecida nombradia de sus mayores 53 .

Terminadas las fiestas de la coronación , partióse el rey don Fernando en 20 de junio de 1414 para Morella, donde

51 Crón. de don Juan II, año 1414, cap. 11, id.

52 Gonzalo de Santa María, Crón. de don Fernando , el Hones¬ to ; Velazquez, Orígenes de la poe¬ sía castellana, pág. 81 de laed. de Málaga; Pellicer, Ensayo de una Bibl. de trads. , pág. 63.

53 No solamente logró distin¬ guirse , como poeta, Pero Gonzᬠlez de Mendoza, á quien menciona el marqués en su Carta al Con¬ destable, y en otro lugar consa¬ gramos algunas lineas (Bibl. del marqués, núm. LXXV, pág. 623) :

don Diego Hurtado de Mendoza, su padre, alcanzó también un puesto distinguido entre los trovadores de la córte de Enrique III, según se deduce del exámen del Cañe. MS. que, señalado con la marca VII A. 3., se conserva en la Bibl. patrim. de S. M. , donde se leen seis dife¬ rentes composiciones debidas á su ingenio. De estas poesias da razón, bien que sin determinarlas, el se¬ ñor don Pedro José Pidal en los apéndices al discurso que prece¬ de al Cancionero de Beana (pá.g. LXXXVI, col. 1).

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. XXV

tenia concertadas vistas con Benedicto XIII, y siguiéronle algunos caballeros de Castilla hasta fines del mismo año, en que se tornaron á sus casas. Frisaba ya Iñigo López de Mendoza con la edad de diez y ocho, y viéndole doña Leo¬ nor, su madre , digno de entrar en la posesión de sus es¬ tados , resolvióse á solicitar de la reina gobernadora la indispensable licencia para ello , no sin procurar que se verificase antes el concertado matrimonio. A siete de ju¬ nio de 1416 volvian á reunirse en Salamanca las dos fa¬ milias de los desposados, y llevábanse á cabo las bodas, cumplidos por ambas partes los capítulos acordados en 1408 54 . Y aquella celosa madre, que velando constan¬ temente por la educación de sus hijos, tan varonil es¬ fuerzo habia desplegado en defensa y guarda de sus bie¬ nes , rendía algunos meses adelante cuentas de su admi¬ nistración al mismo Iñigo López, resultando haber ade¬ lantado de su propia hacienda 2.890,325 mrs., según aparece en la confirmación otorgada en Valladolid por la reina doña Catalina y don Juan, su hijo, á 1 0 de no- viembre del propio año 53. El señor de Hita y de Buitrago,

54 Don Tomás Antonio , si¬ guiendo á Francisco de Medina en su Vida, hechos y progresos del gran Cardenal, MS. cuyo original se custodia en el Arch. de Inf. , se inclina á creer que no llegó á efectuarse el matrimonio de Iñigo López de Mendoza con doñaCalali- nahasla 1418, siendo yade 20 años de edad el hijo del almirante (Co¬ lee. de poes. ant., 1. 1, pág. IV). Pe¬ ro al apartarse de la autoridad del jesuita Pecha , que respetó otras veces demasiado , cayó esta en la¬ mentable error , que desvanecen multitud de hechos , y sobre lodo los documentos originales que te¬ nemos a la vista. La escritura de estos segundos desposorios señala

el dia y punto que dejamos men¬ cionados, y ofrece curiosos porme¬ nores sobre el cumplimiento de los primeros capítulos matrimoniales, pormenores que no reproducimos aqui, por ser ya conocidos los indi¬ cados capítulos de cuantos hayan leido hasta estas líneas. Guárdase este precioso documento en el Ar¬ ch. de Inf., caj. 8, leg. 1 , núm. 7. Iñigo López de Mendoza dió car¬ ta de pago de la dote de doña Cata¬ lina á 5 de diciembre de 1416 en su villa de Tordehumos , ante los es¬ cribanos Juan Fernandez de la Par¬ rilla y Juan Fernandez (Caj. 8, leg. i, núm. 8).

55 Arch. de Inf., caj. 9, leg. 3 , núm. 9.

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XXVI

VIDA

siguiendo la fórmula de aquel tiempo, juraba en su casti¬ llo de Tordehumos, á 5 de diciembre, guardar y hacer guardar la cuenta por él recibida y aprobada por la reina gobernadora, quedando obligado á satisfacer el saldo, que contra sus estados aparecía 56. Mas no solamente se mos¬ traba Iñigo López de Mendoza pagado de la tierna solicitud de su madre : agradecido á los desvelos de doña Mencia de Cisneros , su abuela , la cual sobre haber curado con dis¬ creto anhelo de su niñez, había contribuido con sus bienes á la realización del matrimonio , impetraba de la corona y obtenía en aquel mismo año cédula para que las justicias de las Hermandades de Álava satisficiesen á doña Mencia cier¬ ta suma de maravedises , con que declaraba haberle ayu¬ dado en sus bodas 57 . Eran para el joven señor de Buitra- go tanto mas gratas y cumplideras estas obligaciones, cuan¬ to que al dar su mano á la hija del gran maestre de San¬ tiago , no solamente obedecía los preceptos de sus mayores y los consejos de la política , sino que sojuzgado por las gracias y virtudes de doña Catalina , se confesaba afortu¬ nado y dichoso, consagrándole los mas puros afectos de su alma. La hermana del mayordomo mayor de la reina go¬ bernadora traíale también con estos inextimables tesoros, ensalzados constantemente por la fiel musa de Iñigo López, el señorío de Tamajon , Serracines , el Fresno , Daganzo, Monasterio, Campillo y las Rozas; con todo lo cual crecía su importancia y poderío, recordando la opulencia del al¬ mirante don Diego , cuyos estados, presa á su muerte de la codicia de sus deudos , había defendido con el escudo de su honradez y su constancia la ilustre doña Leonor de la Vega.

Entraba, pues, el nieto de Garcilaso en una vida, don¬ de había menester usar de toda circunspección y energía»

56 Esta escritura fue otorgada conserva en el Arch. delnf.,caj. ante Juan Fernandez y Pedro Ro- 8, leg. 8, núm. 3. driguez, escribanos públicos, y se 57 Id., caj. 10, leg. 3, núm. 6.

XXVII

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

para conservar el lustre de su nombre y la herencia de sus abuelos. Los sinsabores experimentados por su madre, durante su infancia , le advertían de que en los tiempos de revueltas no era posible arrimar las armas, sin quedar á merced de los mas osados y ambiciosos ; y esta triste y costosa enseñanza, adquirida en las vicisitudes que com¬ batieron la nave del Estado en la minoridad de don Juan II, había de ser de gran precio, luego que este soberano su¬ biera al trono de sus mayores. Fue tenida en aquellos pri¬ meros años del siglo XV como la mas eficaz fórmula del derecho la agresión á mano armada ; y este vergonzoso abuso que ponía de resalto la relajación de la moral, la fe¬ rocidad de las costumbres y la debilidad y menosprecio de la corona, obligaba al fuerte, para no dejar de serlo, á rechazar la fuerza con la fuerza , poniendo la república en lamentable anarquía. La autoridad del infante don Fernan¬ do y el prestigio de doña Catalina pudieron contener en al¬ gunos momentos aquellos irreverentes desmanes; mas anu¬ blado el horizonte de la política con la muerte de ambos (1416 y 1418), surgieron nuevos bullicios y trastornos, dando ocasión , como ya queda indicado , al desenfreno de las pasiones , que conturbaron el suelo de Castilla durante los reinados de don Juan y don Enrique.

Hasta este instante solo se ha podido juzgar de las altas prendas de doña Leonor de la Vega, madre digna de toda alabanza, á quien ayudan y fortalecen los consejos de do¬ ña Mencia de Cisneros, condenada como ella por historia¬ dores y biógrafos al mas profundo olvido , si ya no las han despojado del legítimo galardón, que les corresponde por haber aspirado á formar con su ejemplo y sus virtudes el hombre ilustre, que llena con su gloria los anales de su es¬ clarecida familia 58. Mas si en los primeros años de su vida

58 Fernando de Pulgar decía «Muertos el Almirante su padre y en sus Claros Varones (tit. IV), ha- »doña Leonor de la Vega su madre, blando del marqués de Santillana: »é quedando bien pequeño de edad,

XXVIII

VIDA

le hemos visto cobijado bajo el manto de tan noble seño¬ ra , cuya incansable vigilancia ha de brillar mas tarde en defensa de sus propios estados, llamado á ejercer en los negocios públicos no escasa influencia , desde que se mues-

»le fueron ocupadas las Asturias de «Sanlillana é gran parte de los otros «bienes: é cómo fue en edad que «conosció ser defraudado en su pa- «trimonio , la necessidad que des¬ pierta el buen entendimiento é el «corazón grande que non dexa caer «sus cosas, le ficieron poner tal di- »ligencia,que veces por justicia, ve- «ces por armas, recobró todos sus «bienes.» La autoridad de Pulgar, seguida por Gonzalo Fernandez de Oviedo, quien asienta que le falta¬ ron sus padres , siendo muy mo$o (Bat. y Quin. , Bat. I , diál. 8), ha decidido constantemente á historia¬ dores críticos y genealogistas, los cuales, sin mas apelación, entierran á doña Leonor de la Vega con el almirante, y dan por tutora de Iñigo y sus hermanos á doña Juana de Mendoza , su tia , muger de don Alonso Enriquez. Sánchez escribia con este propósito: «Doña Juana de «Mendoza, lia de Iñigo, hermana «de su padre, que vivia en Rioseco, «se pasó á Guadalajara con su ma- «rido don Alonso Enriquez, para «cuidar de la crianza de sus tres «sobrinos y ser tutora de ellos» (Colee, de poes. ant. , 1. 1, pág. II). No puede darse mayor inexactitud, la cual provine sin duda de la seguri¬ dad con que había asentado esto mismo AlonsoNuñez de Castro en su Historia de Guadalajara (párr. III, pág. 139). Mas como va probado en el texto y notas anteriores con gran número de documentos, no solo no

murió doña Leonor, cuando Pulgar supone, y se ha creído hasta ahora, sino que la gloria de haber defen¬ dido, restaurado y conservado la herencia del almirante don Diego hasta 1416, en que la entrega á su hijo, es esencialmente de ella; no siendo los sinsabores que la asalta¬ ron hasta verle en su posesión, los únicos que le hubieron de costar, asi el deber de guardar aquel depósito, como la tierna solicitud de madre. Peregrino es por cierto el que cuan¬ do tanto abundan los testimonios que enaltecen las virtudes de esta rica-hembra de Castilla, se haya procedido con tan poca circunspec¬ ción ó abandono, dando lugar á la invención de tales fábulas. Sin du¬ da de aqui debió sacarse la que en unraroMS.,que posee el Sr. don Pe¬ dro José Pidal, con el título de Cuen¬ tos y dichos de diversos autores, se reñere sobre Iñigo López de Men¬ doza : « El cardenal don Pedro Gon- «zalez de Mendoza, arzobispo de «Toledo (escribe) , no supo decir «palabra mala: era hijo del marqués «de Sanlillana, el que hizo los Pro¬ verbios , hombre sabio; el cual «vino mancebo de las montañas «con dos lebreles y en piernas, y «halló al rey en el palacio de Sego- «via cazando, y dióle los lebreles; y «sucedió que le hizo su camarero, «y él se dió tan buena maña que «dejó á un hijo suyo el marquesado «de Sanlillana, y á otro el condado «de Coruña, y á otro el condado de

XXIX

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

tra al frente de su casa , apenas encontraremos en adelan¬ te un hecho digno de memoria , en que su nombre no in¬ tervenga , ora con sus riquezas y vasallos , ora con su es¬ pada y su pluma.

«Tendilla, y á otro el condado del »Real: y de dos hijas, la mayor ca- »só con el conde de Haro, madre »del condestable don Bernardino, y »Ja otra con el conde de los Mola- ares.» De todo cuanto atañe al mar¬ qués en estas líneas , solo hay de verdad el que escribió los Prover¬ bios, y dejó á su primogénito el. marquesado de Sanlillana. De esta

manera se altera y pervierte la his¬ toria, cuando perdiéndose de vista sus verdaderas fuentes, cede la ra¬ zón al espíritu novelesco, y ocupa el puesto de la verdad lo extraordi¬ nario ó maravilloso, por repugnan¬ te que aparezca. Mas Iñigo López de Mendoza no ha menester de es¬ tas ficciones para que resalten, co¬ mo deben, su valor y su talento.

XXX

VIDA

II.

(1416 á 1432.)

Nacimiento de don Diego Hurtado de Mendoza y don Iñigo.— Muerte de doña Mencia de Cisneros.— Pleito sobre el Real de Manzanares.— Convenio entre Uceda y Builrago res¬ pecto de sus términos.— Confirmación de los mayorazgos de Hita y la Vega.— Parcialida¬ des de Castilla.— Sigue Iñigo López el bando del infante don Enrique.— Cerco de Mon- talvan.— Prisión de don Enrique.— Renuévase el pleito sobre el Real de Manzanares.— Convenio entre doña Aldonza y el señor de Buitrago , y protesta del mismo.— Nuevas alteraciones de Castilla.— Nacimiento de Pero González de Mendoza. —Guerra de Aragón.— Es nombrado Iñigo López frontero de Agreda.— Combate de Araviana.— Confisca el rey don Juan los bienes del Infante don Enrique y repártelos entre sus magnates.— Desavenencias entre Iñigo López y el conde de Castañeda.— El monaste¬ rio de Sopetran.— Batalla de la Higueruela.— Fortifícase Iñigo López en Hita.— Muerte

de doña Leonor de la Vega.

En la villa de Tordehumos pasó el señor de Hila y de Buitrago todo el resto del año de 1416, debiendo á la Pro¬ videncia en marzo del siguiente el primer fruto de aquel acendrado amor, que alimentado desde la niñez , debía en edad madura presentarle cual digno ejemplo de galante constancia. Dábale doña Catalina un hijo, á quien para re¬ cuerdo del almirante , puso por nombre don Diego Hurtado de Mendoza , tal vez adivinando ó satisfaciendo los deseos de doña Leonor, su madre, que llena de verdadero júbi¬ lo, al ver asegurada su descendencia, se apresuró á tomar bajo su tutela al futuro duque del Infantado L Poco mas de un año había trascurrido, cuando el joven magnate vió de nuevo aumentada su prole en Iñigo López de Mendoza,

i Historia genealógica de la casa de Mendoza, por don Diego Gutiér¬ rez Coronel, presbítero y comisario del santo oficio de Cuenca, en la villa de Jadraque, tom. III, lib. IV,

cap. 2S. Este MS., apreciable por la multitud de peregrinas noticias que encierra, se custodia en el Arel) de Inf.

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. XXXI

heredero un tiempo de su valor y su pericia, dando asi claras muestras de la fecundidad patriarcal que entre sus coetáneos le distingue 2. Pero si de esta manera parecia gozar segura bienandanza, extendiendo al par sus estados con pingües adquisiciones, ya en los pueblos de Torija, Heras de Suso , Maluque y otros de Castilla , ya en Dura- na, Legardaguy y otros de las Hermandades de Alava 3, bien pronto vinieron á turbar aquel sosiego, por una parte las vicisitudes de su casa y por otra las tenaces pretensio¬ nes de sus poderosos deudos. En diciembre de 1418 pa¬ saba de esta vida en la ciudad de Palencia su abuela doña

Mencia de Cisneros: v si bien la avanzada edad de tan

7

respetable señora no infundía ya en los suyos largas espe¬ ranzas , hacían muy sensible su muerte para el señor de Hita asi el recuerdo de los desvelos con que doña Mencia cuidára de su niñez , como la autoridad que su prudencia alcanzaba dentro y fuera de la familia 4. Don Fadrique de Castro, cuyas demandas sobre el Real de Manzanares cal¬ maron algún tanto desde 1409, merced al respeto debido á los mandatos de la reina doña Catalina y del infante de Antequera , alentado por el fallecimiento de ambos , torna¬ ba con mayor empeño á inquietar los procuradores y dipu¬ tados de aquella villa , en menoscabo de los intereses de Iñigo López, su cuñado. Resuelto este en cambio á defen¬ der sus derechos, lograba, á pesar del favor del conde de Trastamara y con enojo de su hermana doña Aldonza de Mendoza, que se restableciesen de lleno el secuestro y ter¬ cería, decretados por don Enrique III desde 1405 5.

2 Id. id.

3 Areh. de Inf., caj. 1 , leg. 6, núm. 21; leg. 8, núm. 1, y leg. 9, núm. 3 ; caj. 10, leg. 3, núm. 7.

4 Doña Mencia de Cisneros hizo su testamento en 13 de di¬

ciembre ante Juan Fernandez de Frias, escribano de reinos (Arch. de Inf., caj. 8, leg. 1, núm. 3).

5 Id. id., caj. 6, leg. 6, núm. 5. Cuantos han procurado recoger da¬ tos para ilustrar la vida del mar¬ qués de Santillana, le han presen¬ tado en lucha con don Alonso En- riquez sobre la posesión del al¬ mirantazgo, que suponen haberle este usurpado. Alonso Nuñez de Castro, en su Historia de Guadala-

XXXII

VI UA

Y no olvidaba el señor de Hita y de Buitrago atender entre tanto al bienestar de sus pueblos. Discordes los ve¬ cinos de Uceda y Torrelaguna con los moradores de Bui¬ trago sobre los términos de unas y otras villas, sostenían desde mediados del siglo anterior enmarañado pleito ante

jara (párr. III, pág. 140), y Fran¬ cisco de Medina, en la Vida del gran Cardenal , antes citada (fol.2), ase¬ guran que, habida la facultad de administrar sus estados , solicitó el señor de Hita la restitución del di¬ cho almirantazgo, lo qual indujo sin duda á don Tomás Antonio á escribir estas palabras: «Por muer- »te de don Diego Hurtado de Men- »doza pertenecia el almirantazgo »mayor de Castilla á su hijo Iñigo; «pero por haber quedado huérfano »en tan tierna edad, el rey don En- »rique III mandó á Ruy Diaz de «Mendoza que le administrase en «el ínterin que Iñigo tuviese edad «competente para tan alto cargo.» Y mas adelante añade: «Entrado «en los \ 8 (años) pidió al rey la ve- «nia para administrar sus estados, «y el rey se la concedió; pero re- «sistiéndose don Alonso Enriquez á «darle el almirantazgo que tenia «interinamente, Iñigo le puso plei- »to. El rey por evitar discordias «entre tan grandes señores y pa- «rientes, mandó que don Alonso «Enriquez quedase con el almiran- «lazgo, y en recompensa dió á Iñi— »go las villas de Coca y Alaejos» (Colee, depoes. ant., págs. II y III). En estas líneas hay varios errores históricos, que importa dejar desva¬ necidos, errores que se fundan en la gratuita suposición de que per¬ tenecia á la casa de Mendoza el al¬ mirantazgo mayor de Castilla. Co¬

mo se deja advertido en la nota 12 de la primera parte de este ensayo, solo don Iñigo López de Mendoza, que floreció en el siglo XIII, había ejercido el expresado cargo entre los ascendientes de don Diego Hur¬ tado, entrando este á desempeñarlo por muerte de don Alvar Perez de Guzman y por libre nombramiento del monarca. El ilustrado don Gas¬ par Ibañez de Segovia en su Histo¬ ria de la casa de Mondejar,MS. que se guarda en la Bibl. nac. con la marca K 100, reconociendo este error de los genealogistas, observa que obtuvo el almirante, don Diego antes de su fallecimiento, privilegio de don Enrique III, para que le su¬ cediera su hijo Iñigo en el almiran¬ tazgo (lib. I, cap. 7, párr. 2). Pero sobre no constar en parte alguna este privilegio, debe tenerse pre¬ sente, contra lo que asientan los genealogistas, que el citado Ruy Diaz de Mendoza, de quien dijo Fernán Sánchez Talavera

Que la su grand fama fasta en Levante

Sonaba en proeja é en toda bondat,

no recibió el almirantazgo en ad¬ ministración , sino en propiedad. Esto manifiesta terminantemente López García de Salazar, quien confirmando la calificación de Sán¬ chez Talavera, dice que Ruy Diaz de Mendoza «era orne mucho fa- «cedor de todas cosas , » y añade que «le quería mucho el rey don «Enrique III, é fajándole álmi-

XXXUI

DEL MARQUÉ* DE SANTf LLANA.

los oidores y consejo del rey, llegando con harta frecuen¬ cia á las manos en defensa de sus pretendidas jurisdiccio¬ nes. Ya en 1390 habian procurado don Diego Hurtado de Mendoza, como señor de Buitrago, y don Pedro Tenorio, como arzobispo de Toledo y señor de Uceda y Torrelagu- na , poner coto á las contiendas y demasias de sus vasa¬ llos: á fin de conseguirlo, celebraron en 1 6 de julio del año re¬ ferido el oportuno convenio , donde sin resolver la cuestión pendiente, se fijaban los límites mas racionales , asi para el pasto de los ganados, como para la caza y corta de le¬ ña en los montes. Señalábase á esta manera de treguas el plazo de quince años ; y trascurridos estos , sin que se ob¬ tuviera sentencia definitiva , volvióse á las desavenencias pasadas , obligando en 1412 á doña Leonor de la Vega y

«rante , por fallecimiento del al- «inirante Diego Furtado de Men- »doza, murió de su dolencia antes «que su padre » en 1406 (Lib. XIX, cap. 42). No existiendo, pues, se¬ mejante derecho, ni constando tam¬ poco el privilegio á que alude el marqués de Mondejar, es evidente que el rey don Enrique pudo nom¬ brar, y nombró sin restricción algu¬ na en el mismo año de 1406 á su lio don Alonso Enriquez, quien poseyó quieta y pacíficamente el almiran¬ tazgo hasta su muerte. Aun en el hecho de asegurar Sánchez que en 1416 evitó don Juan II las discordias que sobre la disputa del almirantaz¬ go amenazaban, hay error; pues que hasta la muerte de doña Catalina, acaecida dos años después, no tuvo don Juan la gobernación del reino. Este monarca daba prueba de co¬ nocer que era prerogativa de la co¬ rona la designación de los altos dignatarios del Estado , cuando en 1426 ofrecía á su tío hacer merced

al hijo mayor de este del referi¬ do almirantazgo. La crónica dice: «Adolesció el almirante don Alonso «Enriquez de tan grave enfermedad «que lodos pensaron que muriera. »Y el rey lo fue á ver dos veces, y «el almirante le suplicó que le plu- « guíese hacer merced del almiran¬ tazgo á su fijo mayor don Fadri- nque, é de otras ciertas mercedes «que dél tenia. ... Y el rey quiso «otorgar de muy buena voluntad «todo lo que le demandava. . . . é «que por dicho se tenia él de dar á »sus fijos el almirantazgo » (Año 1426, cap. 3). No cabe, pues, duda en que, al fijar tales asertos, se ha procedido sin maduro examen de los hechos, debiendo repetir nos¬ otros, demas de lo expuesto, que entre los numerosos documentos reconocidos en el arch. de Inf. no hemos visto ninguno , que se re¬ fiera á estos litigios que, á exis¬ tir, debieron ser muy ruidosos.

XXXIV

VIDA

Ocho años más pasaron en el mismo estado de incertidum¬ bre (no pareciendo sino que se ponía en el consejo del rey particular empeño en dilatar asunto tan enojoso), cuando don Sancho de Rojas y el hijo del almirante juzgaron de todo punto indispensable el poner término a los conflictos que diariamente estallaban entre sus vasallos. El convenio acordado en 1390 fue por tanto nuevamente confirmado» bien que con leves modificaciones , no fijándose ya tiempo alguno para su cumplimiento, y quedando en todo vigor los capítulos de don Pedro Tenorio y de don Diego Hurta¬ do de Mendoza, hasta que se dictara en el consejo fallo de' cisivo. Firmaron Iñigo y don Sancho este nuevo pacto en Guadalajara á 20 de febrero de 1420, y á 11 del siguien¬ te marzo lo recibían y acataban los alcaldes y concejos de Uceda, Torrelaguna y Buitrago, viéndose en esta forma terminadas aquellas enemistades , que iban poco á poco sembrando el odio entre unos y otros moradores 6.

6 El testimonio de este conve¬ nio, autorizado en forma, existe en el arch. del ayuntamiento de Tor- relaguna, y consta de 1S fojas, fol. menor, de papel grueso , y letra del primer tercio del siglo XV. En¬ tre las cláusulas que contiene, inte¬ resantes para el estudio de las cos¬ tumbres de aquella época, nos pa¬ rece digna de citarse la que se refiere á la pena impuesta á los que en alguna manera quebran¬ taran sus capítulos: « Dixeron. . « . . que non irían ni vernian con- »lra lo que sobredicho es, nin eon- »lra parle dello , por lo remover »nin desfaser. . . . nin prendarían «nin consintirian prendar, nin fa- «ser prenda injustamente los unos »á los otros nin los otros á los otros, «sinon por la forma c manera que

«dicha es, só pena de dies mili ma- «ravedisde la moneda vieja, que se «repartiese é pagase la dicha pena «en esta manera: que si por parte «del dicho concejo de Useda é de «su término é de Tordelaguna fue- »se removida ó quebrantada esta «dicha compusicion é hordenanea »é se lisíese la dicha prenda ó pren- «dase injusta é non devidamente á «los de la dicha villa de Buylrago é «su tierra, que pechasen los dichos «dies mili maravedís; la milat para «los muros de la dicha villa de Buy- » trago é la otra milat para el con- «cejo de la dicha villa, asy como á «parles obedientes. E otrosí que si «el dicho concejo de Buylrago é su «tierra fuese ó viniese contra la di- «cha hordenanea é compusicion 0 «contra parte dello, para lo remo-

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. XXXV

Ni perdía tampoco de vista Iñigo López de Mendoza cuanto á la seguridad de sus estados importaba y las leyes y costumbres del reino prescribían. Asentado don Juan II en el trono de sus mayores, cumplía á su autoridad sobe¬ rana el confirmar uno por uno los títulos y mayorazgos de Castilla , acudiendo á la córte con este propósito cuantos magnates y señores gozaban privilegios de la corona. Do¬ ña Leonor de la Vega y su lujo presentaron también en la chancilleria real los antiguos títulos de sus estados, obte¬ niendo el nieto de Pero González de Mendoza que en 30 de abril de 1420 se le expidiese la competente cédula sobre los mayorazgos de Hita y Buitrago7, y logrando la viuda del al¬ mirante que en 22 de julio siguiente se diese por bueno y legítimo el privilegio, que don Alonso XI liabia otorgado en 1341 , sobre las merindades de Saníillana, á Gonzalo Ruiz de la Vega, mayordomo de su hijo don Fadrique. Que¬ daba en virtud de esta nueva declaración á salvo de toda duda el derecho de aquella rica-hembra á los valles de Carriedo, Villaescusa, Gayón, Camargo y Cabezón, con el Alfoz de Laredo y el Puerto de Rio-moroso , pareciendo en verdad que al solicitar de don Juan íí la confirmación de aquel señorío, no tanto miraba al cumplimiento de las le¬ yes como atendía ñ desbaratar de todo punto las no dormi¬ das pretensiones de sus deudos 8.

Tales cuidados divertían al hijo del almirante, cuando comenzaron á perturbar el reino de Castilla las pertinaces

«ver ó quebrantar ó Asiesen prenda «alguna ó prendasen á los de Useda «ó común de su tierra ó á la dicha «villa de Tordelaguna ó á qualquier «dellos injusta é non dcvidamente, «que pechase á las dichas villas de «Useda é de Tordelaguna los dichos «dies mili maravedís de moneda «vieja, la mitad para los muros de «las dichas villas de Useda é Tor- «delaguna ó la otra mitad para los

«concejos de las dichas villas, asy «como á partes obedientes. «

7 Esta confirmación está refren¬ dada por Martin García de Verga- ra, y existe en el Arch. de Inf., caj. 8, leg. 1, núm. 8.

8 Real Acad. de la Hisl. , bibl. de Sal. , Memors. ajusts. , tom. 27, fol. 8 y siguientes ; Arch. de Inf., caj. 9, leg. i, núms. 3 y 4.

XXXVI

VIDA

revueltas, que durante los dos primeros tercios del siglo XY la afligieron. Tratábase de señorear el ánimo del joven mo¬ narca , y en esta empresa de fácil logro fue la ambición de unos ó la soberbia de otros motivo bastante de discordia, dando omnímodo triunfo á quien menores títulos presen¬ taba. La privanza no esperada de don Alvaro de Luna apareció por tanto como natural consecuencia de aquellos trastornos, que produjeron en el ánimo del rey el mas pro¬ fundo disgusto. Mas como ya queda en otro lugar apunta¬ do, aspiraban á heredar la preponderancia de su padre los hijos del noble infante de Antequera , bien que sin ha¬ ber antes heredado sus altas virtudes. Daba á don Enrique grande importancia el maestrazgo de Santiago: apoyábase don Juan en el número y riqueza de las villas y lugares que reconocian su señorío , y dábale no poco ascendiente su proyectado matrimonio con la princesa doña Blanca de Navarra. A uno y otro seguían número considerable de pro¬ ceres , teniéndose á maravilla los debates y contiendas sus¬ citados ya sobre la gobernación del reino desde fines de 1419 9. Llegóse por último á rompimiento; y el atentado de Tordesillas , en que se apoderó el maestre de la per¬ sona del rey, dió testimonio del género de lucha que se entablaba. Don Juan, celebradas ya sus bodas, convocó en Cuellar sus parciales: llamó los suyos á Avila don Enrique, para que le ayudasen á sostener el golpe de mano dado en Tordesillas ; y vióse la nobleza castellana dividida en dos campos rivales, no pareciendo sino que los altos ser¬ vicios de don Fernando eran bastantes á cohonestar aque¬ llas irreverencias y demasias de sus hijos.

Sin duda en otra edad hubiese aspirado Iñigo López de

9 (iÉ sobre esto hubo tantos de- abales é contiendas entre los gran- »des que fue cosa maravillosa : é acomo los mas procurasen ante sus apropios intereses quel bien nin la «pacificación delreyno, pusieron

«entre estos dos hermanos tan gran¬ ados turbaciones é sospechas y ene- amistad, de manera que cada uno adellos hubo de trabajar de atraer á «sí los mayores delreynoa (Crón- de don Juan II, año 1419, cap. 10).

XXXVII

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

Mendoza á impedir que aquel incendio se propagara, ame¬ nazando consumir con sus violentas llamas el cuerpo del Estado : á los veinte y dos años , falto de experiencia en los negocios públicos , y deseoso de hallar ocasiones en que probar su esfuerzo , dejóse arrebatar por el oleage de aquel revuelto y trabajoso golfo 10, no reparando en que una vez alejado del puerto, debía ser difícil, cuando no imposible, el ganar sin peligro la hospitalaria orilla. Olvidando las tra¬ diciones de su casa y apartándose de su tutor Juan Iíurta- de Mendoza, duramente injuriado en Tordesillas por el in¬ fante don Enrique y los suyos , decidióse en Ávila á favor de este ambicioso príncipe , siguiendo las huellas de don Lope de Mendoza , arzobispo de Santiago, y don Diego de Ánaya, que lo era de Sevilla, cuya autoridad y la de don Luis de Guzman, maestre de Calatrava, pareció inclinar al mismo partido al conde de Benavente y á Pero Fer¬ nandez de Velasco, camarero mayor del rey, con otros muchos y muy poderosos caballeros. En los últimos dias de julio llegaban ó Avila los parciales de don Enrique, y teniendo por servicio del soberano aquella extraña tutela, en que pensó aprisionarle el maestre de Santiago, hiciéronle velarse con doña Maria, su esposa, en 4 de agosto 41 , y obligáronle á declarar que gozaba de libertad completa, convocando en su nombre cortes generales del reino para la misma ciudad de Ávila; lastimoso simulacro, donde se intentó santificar el desacato de Tordesillas, echando toda la culpa sobre los que siguiendo los consejos del judio don Abrahem Benveniste, ponían en contingencia la seguridad del Estado 42. A vueltas de estos escándalos lograba don Enrique dar cima á su proyectado matrimonio con la in¬ fanta doña Catalina , único principio de semejantes discor¬ dias; y gozoso del triunfo, derramaba, pródigo de lo age-

IO Prohcrnio al diálogo de Blas 1420, cap. 8. contra fortuna, pág. 147. 12 Id., id., cap. 17.

\i Crón. de don Juan II, año

XXXVIII

VIDA

no, mercedes sin cuento sobre sus ayudadores, juzgando que jamás llegarían estos á volverle las espaldas. La am¬ bición le cegaba: el rey don Juan halló modo de fugarse de Tala vera, donde el infante le tenia, guareciéndose en el castillo de Montalvan , y poniendo de manifiesto con su fuga lo que significaban las declaraciones de Ávila í3.

Siguiéronle, mas enojados que respetuosos, los caballe¬ ros del maestre, entre quienes se contaba también Iñigo López de Mendoza, señor de Hita y de Buitrago u; y lle¬ gados á vista del castillo, asentaron su real «de tal ma- »nera que no podía entrar un hombre á caballo, ni salir »otro,» siendo «luego certificados cómo el rey no avía ha¬ blado en el castillo vianda ni otro bastecimento, para que «pudiesen mantenerse dos dias los que con él estavan» 4S“. Gomo prueba de lealtad y cortesía, permitieron, no obstan¬ te, aquellos proceres que entrase en el castillo, asi por la mañana como por la noche, una gallina, un pan y un jarro pequeño de vino para la persona del rey, estrechando el cerco á tai punto que mandó don Juan dar muerte á su propio caballo , para aplacar el hambre de sus caballeros 1a. Llegó la nueva del aprieto y afrenta del rey á los grandes y prelados , que seguían las banderas del infante don Juan,

13 Id., id., cap. 27.

14 En la Crónica de don Alvaro de Luna se lee: «Vinieron ende en «seguimiento del rey é de los que »con él venían, olro dia de mañana «el infante don Enrique é el eon- «destable don Ruy López Dávalos »é García Fernandez Manrique é «Pero Velasco, que después fue «conde de Iiaro, é Iñigo López de «Mendoza, que fue después mar- «qués de Santillana, é Pero López «de Ayala, é Pero Carrillo de Tole- »do, é otros» (til. X). Véase tam¬ bién la Crón. de don Juan II , año 1420, cap. 28.

15 Id., id., cap. 29.

16 «Fue acordado que matasen «algunos caballos que ende tenían, «y el rey mandó que el primero «fuese el suyo; é comido aquel, ma¬ ularon otros dos, de los quales co- «mieron el conde don Fadrique y «el conde de Benavenle é Alvaro «de Luna» (Crón. de don Juan II, año 1420 , cap. 37). El conde don Fadrique, que lo era de Trasta- mara, y el de Benavente , habían por tanto dejado ya el partido del infante don Enrique, lo cual hicieron poco tiempo después el maestre de Calatrava y el arzobispo de Sevilla.

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. XXXIX

y moviéndose de Olmedo con numerosa hueste , que iba engrosándose por el camino , obligaron á don Enrique y los suyos á levantar el cerco y recogerse en la villa de Ocaña, desvanecido ya el soñado alcázar de su absoluto poderio. Recibió allí el obstinado maestre uno y otro aviso para que despidiese los capitanes, que todavía le acompañaban mas bien por evitar la nota de veleidosos que esperanzados en la fortuna y causa de don Enrique. A mengua de su valor y su nobleza hubiera tenido el señor de Hita y de Buitra- go el abandonarle , lo cual afeaban igualmente su primo Fernán Alvarez de Toledo y Fernán Perez de Guzman, su tio, en los señores y prelados que siendo los primeros en acalorar su partido , le habían desamparado al primer contratiempo. Pero si tan generosos sentimientos tenian natural disculpa en la inexperiencia de aquellos jóvenes y en el ejemplo de tan respetados varones como don Lope de Mendoza y don Ruy López Dávalos, luego que enten¬ dieron que podía achacarse á consumada rebeldía su per¬ manencia en Ocaña , partiéronse del real de don Enrique para sus casas ; conducta que observó mas adelante Pero Fernandez deVelasco, conocido después en las crónicas con el título de «el buen conde de Haro.»

Sucedía esto en los primeros meses de 1421, consu¬ miéndose todo el resto del año y parte del siguiente en in¬ útiles requerimientos , donde resaltaba por una parte la poquedad del monarca y era por otra reprensible la perti¬ nacia del infante. Al cabo se venia este á la córte bajo se¬ guro , que no fué por cierto guardado por el rey, ponién¬ dole preso con Garci Fernandez Manrique en el alcázar de Madrid el 14 de junio de 1422, y confiscando todos sus bienes á los que, temerosos de la ira de don Juan, busca¬ ron asilo en extrañas tierras i7.

Retirábase en tanto Iñigo López de Mendoza á sus casas de Guadalajara, amistado ya con la córte, y no sospechan-

17 Crón. de don Juan II, año 1422, cap. 12.

XL

VIDA

(lo que en aquella villa le aguardaba el pleito, que desde fines de 1420 le había movido el conde don Fadrique so¬ bre ciertos cañosde agua, que de las fuentes públicas iban á los referidos palacios. Tan enconados se hallaban los ánimos, que nombrado por el rey para que los aviniese, como juez especial, el bachiller Juan Martínez de Burgos, apenas bastó su diligencia para que el conde de Trasta- mara y el señor de Buitrago no llegasen á verdadero rom¬ pimiento 18. Favorecido el conde por el mal éxito de las tentativas del infante don Enrique, de cuyas banderas desertó á los primeros amagos , volvíase también con mas ahinco que en años anteriores al litigio del Real de Man¬ zanares, esperando y no sin fundamento, que hallaría esta vez entre los oidores del rey don Juan mayor dispo¬ sición para favorecer los intereses de su muger doña Al- donza. Temía Iñigo López verse atropellado por el gran poder de don Fadrique ; y cediendo á las instancias , si ya no á las amenazas, de aquel magnate, dió oidos á las plᬠticas de concierto que se le hicieron, celebrándose en con¬ secuencia público y solemne convenio, aprobado por los oidores del rey y dirigido á dividir el estado del Real, con sus villas y lugares entre la condesa de Trastamara y el señor de Hita y de Buitrago 49. Dábase posesión á los dos hermanos en 22 de julio de 1423 de todos los bienes que en aquel mayorazgo se comprendían , reservándose única¬ mente , al levantar el secuestro , los pueblos de Guadalix y Porquerizas (hoy Miraflores) á Iñigo López de Mendo¬ za 20. Mas no contento este con aquella forzada avenencia, protestaba de ella no menos solemnemente dos dias clespues de tomada la posesión, declarando que solo vencido del amor de la paz y temeroso del incontrastable favor de don Fadrique, habia venido en aquella manera de pacto, que

1 8 Arch. de Inf. caj. 14, Ieg\ 7, 8 y 9.

núm. 4. 20 Id. caj. 3, leg. 8, núm. 8.

19 Id. caj. 0, leg\ 6, núms. 7,

XLI

DEL MARQUÉS DH SAN TILLA NA .

consideraba como violento despojo de sus derechos21.

La aparente quietud , de que gozaba Castilla por aquel tiempo , parecia ir borrando poco á poco las pasadas ene¬ mistades , dando ocasión á que en las fiestas y torneos, de que tan frecuentes muestras presentaba la corte , luciesen los caballeros asi el brio de sus brazos como las galas de su ingenio. Y no era el señor de Hita y de Buitrago quien menos destreza ostentaba en semejantes pasatiempos: su fama de gran trovador cundía entre los mas celebrados de Castilla, teniéndose á dicha el lograr aquellas conocidas primicias de la florida musa , que debía mas tarde eclipsar la gloria de sus coetáneos. Mas si en tan sabrosas tareas gastaba el hijo del almirante sus vigilias, tomando al pro¬ pio tiempo parteen el júbilo general, que despertaba el na¬ cimiento del príncipe don Enrique , acaecido en los prime¬ ros dias de 1425, no se mostraba menos solícito del lustre de su casa , cediendo en mayo del mismo año a su herma¬ no Gonzalo Ruiz de la Vega la villa de Tordehumos, para que se desposase con doña Mencia de Toledo, doncella que había sido en su niñez de la reina doña Catalina 22 . Pretendía Iñigo López pagar de esta manera las finezas de su madre doña Leonor, que tres años antes le había dona¬ do las villas de Villoldo y Rio-Ferrero 23, y celoso de la honra suya y de su menor hermano , no reparaba en gasto alguno para que apareciese digno descendiente de los Men- dozas, diligencia que halló mas adelante justa paga en el amor de Gonzalo Ruiz de la Vega 24.

21 Id. caj. 3, leg. 6, núm. 9.

22 La carta de arras, otorgada por Gonzalo Ruiz de la Vega, está fechada en Tordehumos a 10 de ju¬ nio de 142o (Arch. de lnf., caj. 8, leg. 9, núm. 5).

23 Salazar de Castro, Hist. de la casa de Lava, lib. VI, cap. 9.

24 Es notable la cláusula del testamento otorgado por Gonzalo

Ruiz de la Vega en 22 de marzo de 1437, relativa á la institución de herederos. Después de declarar que deja fres hijas, doñaLeonor deMen- doza , doña Mencia y doña Leonor de la Vega, y de nombrar á la pri¬ mera heredera universal, dice: «E asila dicha mi fija finase dentro de »hedat de doce años ó después, sin wdexar fijo ó fija legítimos herede- * G

XLII

VIDA

Tres hechos liarlo notables vinieron entre tanto á llenar de nublos el no despejado horizonte de Castilla. El infante don Juan era llamado , por muerte de Cárlos de Navarra, á ocupar el trono de aquel reino , como legítima y no con¬ tradicha herencia de su muger doña Blanca 25 : su her¬ mano don Enrique salia de la prisión en que le guardaba Gómez García de Hoyos , en virtud de convenio celebrado con don Alonso de Aragón é intercediendo el nuevo rey de Navarra 26 ; y pasaba por último de esta vida Juan Hurta¬ do de Mendoza, mayordomo mayor de don Juan II 27. Co¬ braba el infante don Juan , al verse coronado , desusados bríos , y fuerte mas que nunca , intentaba apoderarse del ánimo de su débil primo : volvía don Enrique , deseoso de saldar sus antiguas quiebras , á tentar fortuna en el camino abierto en Tordesillas ; y falto ya de los consejos y alianza del mayordomo mayor, quedaba solo en la gobernación

r

del Estado el nuevo condestable don Alvaro de Luna. El ofendido orgullo de los primeros y la destemplada ambi¬ ción del segundo , no eran en verdad las mas seguras pren¬ das de la paz interior que había menester Castilla; y mien. tras el señor de Hita y de Bui trago solicitaba de don En-

«ros, mando que aya toda la dicha «herencia de la dicha mi fija el mi «sobrino Diego Furtado, fijo mayor «del dicho Iñigo López, mi herma- «no : é si el dicho Diego F urtado, «mi sobrino , finase , magfier dexe «fijos, mando que aya la dicha he— «renciaelfijo mayor que'fincase del «dicho Iñigo López, mi hermano ; é «asisubQesivamente.» Después aña¬ día: «E si todos los fijos del dicho «Iñigo López falleciessen, que aya «la dicha herencia de la dicha mi «fija el heredero mayor que fincase «del dicho Iñigo López, mi herma- uno de fijos é nietos é de los que dél «subcedieren, lo qual mando con

«condición quel dicho fijo mayor, ó «qualquier de los otros fijos del di- «cho Iñigo López, á quien viniere «la dicha herencia de la dicha mi «fija por la manera sobredicha, que «dé é pague en dinero contado ó en «heredades que lo valan, á mi fija «Mencia de la Vega 200,000 mrs.,é «otros 200,000 mrs. en dinero ó en «heredades á Leonor de la Vega, «mi fija, etc. (Arch. de Inf., caj. 8, leg. I, núm. 20).

25 Crón. de don Juan II, año 1425, cap. 7.

26 Id., id., cap. 12.

27 id. año 1426, cap. 3.

DEL MARQUÉS DE SANT1LLANA . XLIII

rique de Villena que trajese al idioma patrio la Divina Co¬ media del Dante 28 y celebraba en Uceda nueva concordia con sü primo Diego Hurtado de Mendoza sobre los pechos de Guadalajara 29, íbase formando aquella tormenta , que debia sacarle otra vez del seno de su familia, empeñándo¬ le mas y mas en las revueltas cortesanas.

No guardando el maestre de Santiago los capítulos asen¬ tados , al sacarle de la fortaleza de Mora , habíase metido en Castilla , sin beneplácito del rey don Juan , y deman¬ dando con tono amenazador las rentas del maestrazgo, daba visibles muestras de no procurar la paz del rei¬ no , dirigiéndose , contra el mandato expreso del soberano, á su propia córte. Recibíale esta vez bajo su protección el rey de Navarra, mas entretenido en Castilla de lo que don Alvaro y los suyos quisieran , y allegábansele muy en bre¬ ve, con los maestres de Alcántara y Calatrava, el adelan¬ tado Pero Manrique , el camarero mayor Pero Fernandez de Yelasco, don Gutierre Gómez de Toledo, ya obispo de Palencia , y sus sobrinos Fernán Alvarez de Toledo é Iñi¬ go López de Mendoza. En San Pablo de Valiadolid cele¬ braban estos magnates sus consejos, encaminados á der- rocar de la privanza á don Alvaro de Luna , logrando no

28 Don Enrique de Viilena de¬ cía, hablando de sí, en las ñolas á su traducción de la Eneida , de que damosrazonenel núra. CXVU de la Biblioteca del Marqués : « Durante «este tiempo (el que empleó en di- »cha traducción) fizo la traslación »de la Comedia del Dante á preces »de Iñigo López de Mendoza.» Y respecto de la versión de la Eneida, añade : « E fue comenzada año de «mili é qualrocientos é veynte é «siete, á veynte é ocho dias de «septiembre.» Por manera que, constando haber terminado esta obra en octubre de 1428, es indu¬

dable que en este tiempo llevó á cabo la traslación de la Divina Co¬ media (Bibl. Nac., cód. M. 16 ; Pe- lücer , Ens. de una bibl. de trad., págs. 70 y 71).

29 Esta concordia fue celebrada en Uceda á 19 de mayo de 1427, por ante Diego Rodríguez y Juan Sánchez, escribanos públicos (Arch . de ínf., caj. 14, leg. 1, núm. 18). Dos años después dictaba sentencia definitiva sobre este asunto el obis¬ po de Palencia don Gutierre Gómez de Toledo , tio de entrambos con¬ tendientes (Id. caj. 14, leg. 10, nú¬ mero 19).

XLIV

VIDA

sin repugnancia del rey, que se nombrase un tribunal, compuesto de don Alonso Enriquez , almirante de Castilla, don Luis de Guzman, maestre de Calatrava, el adelantado Pero Manrique y Fernán Alonso de Robles , amigo y con¬ sejero del condestable , para resolver en nombre de todos lo mas conveniente al sosiego público. Daban estos jue¬ ces por sentencia que saliese don Alvaro de la córte por el espacio de año y medio ; y aunque lastimado de aquella fuerza, consintió el rey en semejante resolución, en gra¬ cia del bien general, que por los grandes se invocaba. Trasladado a Segó via, despedia al poco tiempo la mayor parte de los ricos-homes que allí le siguieron , y revocan¬ do la sentencia de Valladolid en 22 de noviembre de 1427 30, volvía don Alvaro de Luna á la córte, ganada ya la aquiescencia de los infantes, mientras el señor de Hita y Buitrago partía con otros caballeros á la frontera de Ara¬ gón, para recibirá nombre del rey y acompañar hasta Por¬ tugal á la infanta doña Leonor , hija del noble debelador de Antequera. En Valladolid se hallaba el rey don Juan, cuando llegó á esta villa el brillante cortejo de su prima, á quien « fue fecho muy solemne rescebimiento , asi por el «rey como por sus hermanos é todos los perlados é cava- «lleros que en la córte estavan» 31 . Mostráronse todos ga¬ lantes á porfía con la esposa del príncipe de Portugal, don Duarte, haciendo bizarro alarde de su esfuerzo y de sus riquezas; y terminadas no sin quebranto aquellas ostento- sas fiestas 32, vióse el señor de Hita y de Buitrago priva¬ do de seguir la comitiva de la infanta , por llamarle á su

30 Crón. de don Alvaro de La¬ na, Apénd. núm. J, año 1427, pᬠgina 402.

31 Crón. del rey don Juan II, año 4428, cap. 7.

32 El bachiller Fernán Gómez de Cibdareal decia á doña Brianda de Luna, describiéndole eslas fies- as: «En esta justa pasó una ma¬

nía ventura, ca dió un desemeja- »bie encuentro á Gutierre Sando- «val, de que otro dia murió, Alfonso «de Urrea, que muy diestro de este «arte es, é por eso le llaman en «Aragón el Justador, etc » (Centón epist., epísl. XVI) Lo mismo dice la Crónica del rey don Juan, ut supra.

DEL MARQUÉS DE SAN TILLA NA. XLV

casa asunto de mayor cuidado. Habíale dado doña Cata¬ lina en 3 de mayo ( 1428) el sesto de sus lujos, á quien para recuerdo de su bisabuelo, puso el nombre de Pero González de Mendoza 33 ; y noticioso Iñigo López de tan plausible suceso, dirigióse con presteza á Guadalajara, presintiendo acaso dentro de su pecho el futuro engrande¬ cimiento de su nuevo hijo. Mas no pudo permanecer por mucho tiempo en el seno de su familia : llamado á la córte por el rey, que ya le había investido con la dignidad de su consejero, fue en Segovia recibido con insigne predilec¬ ción por el condestable y los suyos , tomando parte en las decisiones, que allí se adoptaron sobre la tregua solicitada por los sarracenos u. El rey don Juan II daba en aquellos dias libertad al conde de Castañeda, acariciando la espe¬ ranza de que terminados los disturbios, ausente el rey de Navarra, y asentada la paz con Aragón, no volvería á perturbarse la quietud de sus vasallos , pudiendo dirigir sus fuerzas, como á la honra de su nombre cumplía , contra los moros de Granada.

33 Se ha dudado del pueblo en que nació el gran cardenal de Es¬ paña , suponiéndose por algunos que vió la luz del dia en Zafra, y que se crió alli en poder de su abue¬ la doña Maria de Horosco (Francis¬ co de Medina, Vida, hechos y pro¬ gresos del gran cardenal , fol. 1 v.). El primer punto lo dejó esclarecido Salazar y Mendoza en su Crónica del gran cardenal de España, lib. I, cap. i 5. De la falsedad del segundo depone la escritura de contratos matrimoniales de Iñigo López y do¬ ña Catalina de Figueroa (1408), donde, sobre no aparecer de pre¬ sente doña Maria de Horosco, se declara una y otra vez que la dote de doña Catalina se ha de pagar, como en efecto se ejecutó, de la he¬

rencia de su referida madre (Arch, de Inf., caj. 8, leg. 1, nútn. 3). En este año contaba ya el señor de Hita otros tres hijos , demas de don Die¬ go y don Iñigo : Lorenzo Suarez de Figueroa, doña Leonor y Pero Laso de la Vega. Asegúrase respecto del primero, que se supone también criado por doña Maria de Horosco, que le puso en la cuna su abuelo, el gran maestre de Santiago, el hᬠbito de esta respetable Órden (Me¬ dina, ut supra); pero es error, pues, que don Lorenzo murió siete años antes de que Iñigo López se casara, y once de que naciera el tercer hijo de este (Véase la not. 42 de la pri¬ mera parte).

34 Crón. de don Juan II, año 1428, cap. 14.

XLVI

VIDA

Mas bien pronto vinieron á sacarle de aquel engaño los acontecimientos de 1429 : negándose don Alonso á ratifi¬ car el convenio de Valladolid, y á pretexto de poner al lado del rey de Castilla ciertos consejeros , sus devotos, juntaron los de Aragón y Navarra numeroso ejército, preparándose á penetrar de nuevo en el reino , como si les asistiese derecho alguno para mezclarse en la gobernación de agenos Estados. Grande enojo recibió el castellano, al saber la injusta resolución de sus primos, y llamando á la córte á todos sus magnates, que ya se aparejaban para la guerra de Granada, exigióles solemne juramento de que habían de servirle contra Aragón «sin fraude ni cautela,» formalidad á que pareció dar motivo la tardanza del in¬ fante don Enrique , el duque de Arjona é Iñigo López de Mendoza 35. Partía de Palencia don Alvaro de Luna con hasta dos mil lanzas para rechazar á los invasores , y pro¬ curaba don Juan entre tanto reducir á la obediencia los resabiados proceres, que dóciles á las sugestiones del re¬ voltoso maestre de Santiago, inquietaban el reino en di¬ versas comarcas , para que dividida la atención, fuese mas hacedera la empresa de los reyes coligados. Al cabo se dirigía el mismo don Juan á la frontera de Aragón, gano¬ so de escarmentar á sus primos , y no muy distante de San- tisteban alcanzábale el señor de Hita y de Buitrago, ha¬ ciendo allí el juramento y pleito homenage, exigido en Pa¬ lencia á prelados y caballeros , y dando tales descargos de su forzada tardanza que hubo de tenerse el rey por satis¬ fecho , recibiéndole de nuevo en su gracia 36 .

3o Crón. de don Alvaro de Lu¬ na, lít. 19.

36 La Crónica de don Juan di¬ ce: «A este tiempo llegó al rey «Iñigo López de Mendoza, señor de «Hita é de Buytrago, del qual el »rey habia tenido enojo por la tar- »danza; pero desque vino, el rey lo

«rescebió bien, é él se desculpó de »tal manera quel rey perdió dél to- »da sospecha, é fizo el juramento é «pleylo-menage que dicho es que »los perlados é caballeros habian «fecho en Palencia» (Año 1429, cap. 15).

XLVII

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

Ni podía suceder de otra manera , cuando no se trataba ya de meras desavenencias domésticas y estaba por otra parte grandemente interesado el honor nacional en rechazar aquella agresión, á todas luces injusta. No lo juzgaba asi el duque de Arjona, que abiertamente se había negado á hacer armas por su persona contra el rey de Navarra 37, y que deteniéndose en el camino mas de lo que á su buena fama convenia , llegó á poner sospecha en el rey de que inten¬ taba pasarse al campo de los aragoneses. Venido por úl¬ timo al real , fué preso por el mismo rey, y encerrado en el castillo de Almazan , de donde se le trasladó mas adelante á Peñafiel, moría en la prisión el siguiente año. Prosi¬ guió don Juan su camino , y con la misma presteza que había traído , llegó al real de Huerta , penetrando en Ara¬ gón y apoderándose en breve de Monreal con estrago de los lugares del contorno. Movióse después, reunido ya su campo con las lanzas del condestable , sobre la villa y cas¬ tillo de Ariza, resuelto á llevar la guerra á sangre y fue¬ go ; y reconociendo el aragonés y el navarro en aquella inusitada energía el enojo que atesoraba, no osaron sacar sus huestes de Calatayud, para arrostrar su poder en una lucha por ellos comenzada. Revolvían entre tanto el maes¬ tre don Enrique y su hermano don Pedro las tierras de Trujillo , haciendo en la Estremadura todo género de ro¬ bos y violencias ; y temeroso el rey de que este fuego se propagára, y satisfecho por otra parte del éxito de aquella expedición, en que echó de sus reinos á los agresores, cuya arrogancia había de propósito humillado , determi¬ nóse á volver luego ó Castilla, dejando por fronteros de ambas naciones á Pero Fernandez de Velasco , Iñigo López

37 AI referirse en la Crónica de don Alvaro la entrega hecha por don Fadrique del castillo de Peña- fiel, que era del rey de Navar¬ ra, dice: «Condescendió á en-

«fregar la villa alrey con ciertas «condiciones. ... la otra quel rey «non le mandasse pelear por su per «sona contra el rey de Navarra» (tít. XXII).

XLVIII

VIDA

de Mendoza y Fernán Alvarez de Toledo. Dábanse al fu¬ turo conde de Haro seiscientas lanzas y mil peones , para que defendiese la frontera de Navarra : señalábanse á Iñi¬ go López de Mendoza trescientas lanzas y seiscientos in¬ fantes para que en Agreda vigilára los confines de Castilla, y se ordenaba al señor de Valdecornejaque atendiese des¬ de Requena á la guarda de la raya de Valencia 38. Vueltos á la guerra los reyes de Aragón y Navarra, ponia cerco sobre San Vicente y entrábala por fuerza el camarero ma¬ yor de don Juan II 39, mientras se apoderaba Fernán Al¬ varez de Toledo de Xalante , Toreza, Sahara y Xarafuel 40 y mostraba el señor de Hita y de Buitrago el esfuerzo de su corazón, rechazando una y otra vez las tentativas de los aragoneses.

Mas no se le mostró siempre amiga la suerte de las ar¬ mas: los campos de Araviana, fatales ya para el valor castellano 41 , si fueron testigos de su indomable arrojo, le enseñaron también á conocer que no siempre lleva este consigo la victoria. Supo Iñigo López que el aventurero Ruy Diaz de Mendoza, apellidado el Calvo, intentaba cor¬ rer la tierra con hasta novecientos soldados aguerridos, que tiraban sueldo del rey de Navarra; y saliendo de Agre¬ da arrebatadamente en su busca, con solos trescientos hom¬ bres , alcanzó á Ruy Diaz y los suyos en el campo de Ara¬ viana, ya en el término de Castilla. Conoció desde luego el señor de Hita la gran ventaja del aventurero , asi en el número y experiencia de sus soldados, como en la posi¬ ción que estos lograban; mas «como era caballero mucho esforzado», lejos de escusar la refriega, acometió resuel-

38 Crón. de don Juan II, año 1429, cap. 30.

39 Id., año 1429, cap. 48.

40 Prohemio al dial, de Blas contra Fortuna, pág. 448.

41 En 1362 habían experimen¬ tado en aquel mismo sitio don Fer¬

nando de Castro, Iñigo de Orosco y Juan Fernandez de Hineslrosa un terrible descalabro , quedando el último muerto en el campo de bata¬ lla (Crón. del rey don Pedro, año X del reinado, cap. 22).

XLIX

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA, lo á los navarros, cuya resistencia, acaso no esperada, desconcertó enteramente á los de Castilla, quienes busca¬ ron en la fuga la salvación, que no aguardaban de sus dies¬ tras. Solos cuarenta hombres de armas permanecieron al lado de Iñigo López, quien sin volver el rostro á los enemi¬ gos , se apoderó de un ribazo, en donde se hizo fuerte, no atreviéndose á pelear con él los que, desbaratadas las demas batallas , se aclamaban ya vencedores. El señor de Buitrago, que á no haberle faltado el brio de sus gentes, hubiera dado al aventurero Mendoza una lección sangrien¬ ta, no se apartaba del campo del combate , sin obtener por completo el fin que se propuso, al salir de Agreda: los invasores abandonaban la liza, no sin alguna pérdida, y repasando apresuradamente la frontera, se volvían sin fruto alguno al mismo sitio, de donde eran venidos 42. Asi esta derrota coronaba de laurel las sienes de Iñigo López de Mendoza , cuya fama de esforzado cundía entre los mas valerosos caballeros , conquistándole de su rey dignos ga¬ lardones: don Juan II le hacia merced de quinientos vasa¬ llos , teniendo en gran estima los servicios que en la guer¬ ra de Aragón había prestado á la corona 43 .

42 No faltan escritores que ase¬ guran que obtuvo en esta ocasión completo triunfo el señor de JBuilra- go (Alonso Nuñez de Castro, Hist. de Guadal párr. III, pág. 140); mas sobre no ser esto exacto, mere- ce acaso mayor alabanza su heroi¬ co valor, siendo vencidas sus gen¬ tes , que habiendo obtenido victo¬ ria (Crón. de don Juan 11, año 1429, cap. 50; Mariana, lib. XXI, cap. 2).

43 Sánchez, Poesías ant. al si¬ glo XV, 1. 1, pág. VI. El mismo rey don Juan se expresaba del siguien_ te modo en el privilegio rodado, que en 1448 dio al marqués de Sanlilla- na, confirmando el señorío de los va¬

lles y cediéndole todos los derechos de la corona: «Aviendo respecto é «consideración á los altos é grandes »é muy leales é señalados servicios «queme fecisles... en las guerras «céntralos reyes de Aragón éNa- «varra é contra el infante don Enri- «que, quando poderosamente é con «mucha gente d’armas, assi á ca- «vallo como á pie, ellos entraron en «mis regnos é fueron echados de- «llos, etc.» (Real Acad. de la Hist., Bibl. de Sal., t. 27, fol. 21; Arch. de Inf., caj, 9, leg. 1, núm. 16). Pe¬ ro mas terminantemente había de¬ clarado su gratitud en el privile¬ gio , otorgado en 4 de agosto de 7

L

YIDA

Acaecía esto por el mes de noviembre de 1 429 , y con¬ certadas por último treguas de siete años con los reyes de Aragón y Navarra, volvía el señor de Hita al centro de Castilla, no sin haber dado en la frontera inequívocas muestras de la claridad de su ingenio u. La pertinacia del infante don Enrique había' entre tanto apurado el sufri¬ miento de don Juan II, quien en 4 de enero de 1430 se querellaba á todos los grandes de sus reinos, manifestán¬ doles los inauditos desacatos de Trujillo y Alburquerque, resuelto á castigar con justiciera mano tan a abominable rebelión é desobediencia.» Pocos dias después pronuncia¬ ba , asistido de magnates y prelados , la sentencia de aquel escandaloso proceso , confiscando todos los bienes que te¬ man en Castilla los infantes de Aragón y repartiendo sus dignidades , villas y castillos entre los que le habían per¬ manecido fieles , durante los últimos acontecimientos *5. Los capitanes de la frontera recibían también el merecido pre¬ mio de su valor y patriotismo: Pero Fernandez de Yelasco obtenía el señorío de Haro y Yillorado ; Fernán Alvarez de Toledo la villa de Salvatierra ; é Iñigo López de Mendoza los pueblos de Fuente el Viejo,- Armunia, Pióz, Meco,

1430, donde se leen estas palabras: «Yo el Rey: Considerando losbue- »nos é señalados servicios que vos, «Iñigo López de Mendoza, mi va- « sallo é del mi consejo, me fecistes, «especialmente en la guerra contra «los reyes de Aragón é de Navarra, «quando vos enbié por frontero é «capitán con cierta gente de armas »á la mi villa de Agreda, é los tra¬ bajos é afanes é peligros que ende »pasastes, é en que vos pusistes por «el mi servicio é de la corona real «de mis regnos, etc.» (Iíist. de la casa de Mondejar, lib. I, cap. 7, párr. b).

44 No solamente escribió el

marqués durante su permanencia en Agreda la Serranilla que cita don Tomás Antonio (pág. VI del t. I de la Colee, de poesías ant.)t sino también el Decir que se lee en la pág. 255 de estas obras, y la Ser¬ ranilla núm. II, (pág. 466), siendo muy probable que compusiese allí algunas de las canciones , en que se lamenta de la ausencia de su dama, que lo es siempre su muger doña Catalina, según en otro lugar dejamos apuntado; pero no puede determinarse cuáles sean.

45 Crón. de don Juan II, año 1430, cap. 4; Mariana, Iíist. gen., lib. XXI, cap. 11.

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. LI

Retuerta y otros 46. Digno es por cierto de notarse que entre los caballeros, á quienes de esta manera procu¬ raba el rey apartar de la parcialidad de los infantes, se contaba el conde electo de Castañeda, don Garci Fer¬ nandez Manrique , el cual acrecentaba su patrimonio con la villa deGalisteo, propiedad del gran maestre de Santia¬ go, cuyo mayordomo habia sido. Pero la rehabilitación del Manrique, dando origen á nuevas alteraciones , hubo de causar no escasos sinsabores al señor de Hita y de Buitrago.

Tomada por este posesión de aquellos lugares , confor¬ me á las prácticas del tiempo, procuró entender en los asuntos de su casa ; y dirigiéndose á las Asturias de Santi- llana, donde su madre á la sazón residía, hizo en 10 de ma¬ yo entrega formal de todos los bienes, que como tutor ad¬ ministraba, á su- sobrino Gómez Carrillo de Albornoz, quien aprobaba en igual fecha y juraba guardar las cuentas , que al intento le fueron sometidas 47. La presencia de Iñigo López en aquellos valles causó en sus moradores grande regocijo, dándole á porfía inequívocas muestras del afecto que le profesaban. Pero si esta manifestación espontánea le aseguraba del amor de sus futuros vasallos , parecía al mis¬ mo tiempo arrebatar al conde de Castañeda , que se ufa-

46 Doce fueron los pueblos que se repartieron al señor de Hita, to¬ dos del patrimonio de la infanta do¬ ña Catalina, muger del maestre don Enrique, si bien solo expresa la Crónica que se le dieron quinien¬ tos vasallos en tierra de Guadalaja- ra. Sobre los cinco lugares arriba citados deben, pues, mencionarse Huélamo de Arriba , Huélamo de Abajo, Miralcampo, Aranzueque, el Pozo de Guadalajara, la Junquera y Valconete ( Hist . déla casa de Mondejar , lib. I, cap. 7, párr. 5). Conviene observar por último que

Alonso Nuñez de Castro incluye, al designar estos pueblos, algunos de los que aportó al matrimonio doña Catalina de Figueroa, y otros de los que adquirió Iñigo López, después de la muerte de la duquesa de Ar- jona, tales como Tendida y Loran- ca (Hist. de Guadal., párr. III, pág. 141).

47 La escritura en que se dan por buenas estas cuentas, fue otor¬ gada á 10 de mayo de 1430 por ante Juan Gutiérrez de la Calleja (Arch. de Inf., caj. 8, leg. 9, núme¬ ro 8).

LII

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naba ya con la propiedad de este título , la esperanza de poseer tan pingüe patrimonio , impulsándole á reproducir sus antiguas demandas, las cuales parecian haber caducado de todo punto en 1420. Mas esta vez no estaba ya sola la viuda del almirante : resuelto Iñigo López á no consentir insulto ni desmán alguno , rechazó de tal manera la impor¬ tuna solicitud del Manrique , que hubieran ambos de venir á las manos, si el doctor Diego Gómez de Toro no se apre- surára á requerirlos, en nombre del rey, para que salie¬ sen de las Merindades, poniéndolas luego en secuestro 48.

Obligado á partir de aquel estado , encaminóse el señor de Hita á Guadalajara, donde le aguardaba otro linage de ocupaciones : el antiguo monasterio de Sopetran no sola¬ mente habia venido á la mayor pobreza, merced ala inju¬ ria de los tiempos , sino que se veia también amenazado de próxima ruina, reducida su comunidad á solos tres monges. Iñigo López de Mendoza , impetrando las compe¬ tentes licencias del Sumo Pontífice , se dedicaba á resta¬ blecerlo , é incorporándolo á la ilustrada congregación de San Benito, traia de Valladolid doce religiosos 49, á quie¬ nes colmó adelante de beneficios y mercedes y ocupó mas de una vez en sus tareas literarias. Hacíanle estas sabroso el tiempo que le dejaban libre las obligaciones de su cuna, y teníase por dichoso cuando, olvidado el estruendo de las discordias civiles, podía ilustrar su ingenio, ya con la lec¬ tura de los poetas y filósofos , ya con el trato y comunica¬ ción de hombres tan notables como don Enrique de Ville- aa, á quien proponía en este año, cual digno asunto de su celebrado talento, la Pregunta de nobles 50.

48 Id., caj. 9, leg. I, núm. 9.

49 Sánchez, t. I, pág. VII.

50 Acaso pudiera también fi¬ jarse en este ó el siguiente año la remisión del Arte de trobar, ó Gaya SQiengia, que el citado don Enri¬ que de Aragón le dedicó, para que,

informado de las leyes poe'ticas, fuese «originalidat donde tomassen «lumbre é dotrina todos los otros »del reyno, que se dicen trobado- »res, para que lo sean verdadera- «mente.» Don Enrique declaraba al mismo tiempo que el futuro mai*-

DEL MARQUÉS DE S ARTILLAN A. Lili

Desembarazado en tanto el rey don Juan de los infantes de Aragón, tenia determinado dar un tiento á la morisma, satisfaciendo de esta manera el deseo universal de sus va¬ sallos. Llamó, pues, con este propósito á todos sus mag¬ nates, y dirigióse con poderoso ejército al Andalucía , te¬ niendo el señor de Hita y de Buitrago, que le seguía con su pendón y su caldera , la triste precisión de abandonarle en Córdoba, donde hubo de quedar muy doliente 51 . Pero si el señor no , siguieron los caballeros y gente de su casa los estandartes reales con tan bizarro esfuerzo que entra¬ dos los cristianos en la vega de Granada, y venidos á las manos con los sarracenos al pié de Sierra Elvira , tuvieron no pequeña parte en aquel memorable triunfo , que hacia con júbilo recordar la gloria de los Alfonsos y Fernandos. Pero Melendez de Yaldés, capitán de la mesnada de Hita, llevaba á tal punto su arrojo que producía un verdadero conflicto entre los deudos de su señor, quienes se apresu¬ raron á sacar sus comprometidas enseñas del centro de los mahometanos , honra que reclamó para sí el esforzado y docto señor de Batres 52.

Mas si llenó de alegría al ejército cristiano aquella in¬ signe victoria , el absoluto predominio del gran condesta¬ ble, y lo que peor era, la aspereza con que antes de darse la batalla había tratado tanto al obispo don Gutierre Gómez de Toledo y á su sobrino Fernán Alvarez, como á Fernán Perez de Guzman y á Pero Fernandez de Yelasco 53, fué

qués de Sanlillana se deleitaba «en «facer dictados é trobas ya divul¬ gadas é leídas en muchas partes» (Mayans y Sisear, Oríg. de la leng. cast., t. II, pág. 321 y sigs.).

51 Centón Epist. , epist. , LI; Crón. de don Juan 11, año 1431, ca¬ pítulo 19.

52 Véase el núm. LXXXVII de la Bibl. del marqués, pág. 62S, col. 2.

53 El autor de la Crónica de don Alvaro se muestra en esta y otras ocasiones enemigo declarado del señor de Hita , yendo tan ade¬ lante en las inculpaciones que le dirige, que olvida hasta la verdad de los hechos. Al referir en el títu¬ lo XIX los preparativos de la guerra de Aragón, había dicho: «De pú- «blico se afirmaba que Iñigo López »de Mendoza, que con ellos (los re-

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ocasión á serios disgustos entre los magnates, viéndose el rey obligado á levantar el real, para evitar que se vi¬ niese á rompimiento, y remitiendo la enmienda de aque¬ llos sinsabores á sazón mas oportuna. En Zamora se halla¬ ba el rey en los primeros dias de febrero de 1432, cuando algunos que desamaban al obispo de Palencia y á sus ami¬ gos , los acusaron de tener tratos con los reyes de Aragón y Navarra, para derribar al condestable; y cómo ya don Juan desconfiaba de ellos, por lo acaecido en la Vega de Granada , mandó prender sin mas averiguación al conde de Haro y á los señores de Batres y Yaldecorneja, apode¬ rándose igualmente del obispo, que fue conducido con bue¬ na guarda al castillo de Tiedra 5i. Cundió la fama de estas prisiones, produciendo notable alteración en los ánimos, « por tener entendido los grandes que contra el poder de don Alvaro y sus engaños , ninguna seguridad era bastan¬ te» 55 : llegada la nueva á Guadalajara, donde habia te¬ nido su convalecencia el señor de Buitrago, recibió de ello no pequeño pesar, por ser los presos tan sus parientes y amigos , y receloso de igual fortuna , partióse luego para

«yes de Aragón y Navarra) se avía «carteado, los esperava con-su gen- »te en la villa de Hila, el qual se les «avia enviado á ofrecer, assi por sí «como por algunos otros.» Pero la conducta de Iñigo López en la guer¬ ra de Aragón, y las palabras que dejamos citadas del rey don Juan II (nota 43), desmentían estos asertos. Al narrar la no realizada conjura¬ ción, que en la Vega formaron al¬ gunos contra la omnipotencia de don Alvaro, se decia : «Eran ayun- «lados á este fecho don Pero de Ve- «lasco, conde de Haro, Iñigo López «de Mendoza, señor de la Vega, «don Gutierre, obispo de Palencia, »é Fernán Alvarez de Toledo, señor

«de Valdecorneja» (tít. XXXVIII). Mas en este punto se olvidaba que Iñigo López habia quedado muy doliente en Córdoba, volviéndose desde alli á Guadalajara, y se le daba un título que todavía no goza¬ ba ; todo lo cual arguye malqueren¬ cia é inexactitud, pues que consta haber sido escrita la crónica por un contemporáneo de los sucesos ( Es¬ tudios hist., polit. y ' lit . sobre los judíos de España, ensayo II , ca¬ pítulo VIII).

54 Crón. de don Juan II, año 1432, cap. 4 ; Crón. de don Alvaro, tít. XXXVIII.

55 Mariana, Hist. gen. de Esp., lib. XXI, cap. 4.

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. LV

su castillo de Hita, preparándose en élá larga defensa. En vano el mismo rey don Juan le escribió, por consejo de don Alvaro de Luna , para tranquilizarle : Iñigo López le contestó discreto y reverente que « lo non facia por cosa daquello , » y manteniéndose en su castillo , no abandonó las armas hasta ver en libertad á sus deudos 5<J.

Un acontecimiento harto desagradable para él venia al mismo tiempo á sacarle de sus estados: su madre doña Leonor de la Vega, que en avanzada edad acudía con va¬ ronil aliento á defender la herencia de sus mayores en las Merindades de Santillana , hasta apelar á la fuerza de las armas 57, había adolecido en Valladolid , dando pocas es¬ peranzas de vida. Agravábasele por momentos la enferme¬ dad, y noticioso Iñigo del peligro en que estaba, corría á su lado con sin igual presteza, para recoger sus últimos suspiros. Aquella madre solícita y cariñosa, cuya existen¬ cia se había consagrado enteramente á labrar la felicidad de sus hijos, rodeada de estos en el lecho del dolor, y con¬ vencida de la generosidad de los sentimientos que los ani¬ maban, declaraba en 14 de agosto de 1432 su última vo¬ luntad, instituyendo á Iñigo López de Mendoza señor déla

56 Crón. de don Alvaro de Lu¬ na, lít. XXXIX ; id. de don Juan II, año 1432, cap. 5.

57 Según dejamos antes de aho¬ ra indicado, no se apartó doña Leo¬ nor un punto de la defensa y cui¬ dado de su patrimonio. En 1426 requerían en su nombre Pero Gó¬ mez de la Lama y Alfon de la Vid á la familia de los Manriques, sobre la posesión de los Barros, San Maté y los Palacios, en el valle de Buelna (Arch. de Inf. , caj. 9, leg. i, núm. 7): en 1428 rechazaba la usurpación que en el monasterio de San Salva¬ dor de Lariego hacia Diego de Arce, apoderándose de la cuarta parte de

sus bienes, que eran del patrona¬ to de la casa de la Vega (Id. caj. 19, leg. 3, nú*n. 8); en 1429 solicitaba y obtenía cédula real para reservar del servicio de la guerra de Aragón cien fijos-dalgo de sus estados, con lo cual conquistaba su cariño y res¬ peto (Id. caj. 9, leg. 3, núm. 13); en noviembre de 1431 era requerida por el rey, á fín de que se apartase de todo debate con los Manriques sobre las merindades de Santillana, y despidiese la gente de guerra que tenia á punto, para defensa de sus contradichos derechos (Id. caj. 9, leg. 1, núm. 51).

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Vega 58, y dándole poder con sus hermanos doña Elvira y Gonzalo Ruiz, para que dispusiesen entre sí de los bienes libres y declarasen, en unión de Men Rodríguez Coronado, su primo, quién de ellos era acreedor a la mejora del ter¬ cio, cuya adjudicación dejaba á su arbitrio. Al dia siguien¬ te expiraba aquella noble señora , llevando tras sí las ben¬ diciones de los hijos del almirante ; y poco tiempo después designaban estos unánimes (á cuyo voto se adherían Gó¬ mez Carrillo de Albornoz y doña Leonor Laso , hijos de doña Teresa) que solo era digno de aquella mejora el nue¬ vo señor de la Vega 59.

58 El codicilo otorgado por do¬ ña Leonor en la expresada fecha, se conserva en el Arch. de Inf., caj. 8, leg. 1, núm. 9.

59 En el testamento , hecho en virtud de la cláusula mencionada, se lee, después de expresar la insti¬ tución del mayorazgo de la Vega en Iñigo López de Mendoza: «E »otrosi la mejora de la tercia parte »de sus bienes é herencia que la «dicha doña Leonor fizo en su tes¬ tamento á uno de sus fijos quién «declarasen los dichos Iñigo López »é doña Elvira é Gonzalo Ruiz é «Men Rodríguez; é los tres dellos «en uno se acordassen á lo declarar, «segund se contiene en el dicho tes- «tamento. E otrosi la declaración «que después fue fecha, por virtut «del dicho poder de los dichos Iñi- »go López é Gonzalo Ruiz y Men «Rodríguez, en que declararon los «dichos Iñigo López dever aver la

«dicha tercia parte de la dicha me- «joria de la dicha herencia, é ser el «dicho Iñigo López el su fijo á quien «la dicha doña Leonor de la Vega «mandava é mandó la dicha tercia «parte de mejoría, é de quien en- «tendió é decía que le avia mejor «servido, é de quien avia mas car- »go, é á quien mas queria; manda- «ron é declararon que oviesse él la «dicha tercia parle de mejoría, la «qual declararon que la oviesse en «la dicha casa y solar de la Vega, »é en los dichos bienes de Asturias «de Sanlillana y Santander, que la «dicha su señora le mandava en «mayorazgo, é si aquellos non bas- «lassen para la dicha mejoría de la «dicha tercia parte , que le fuesse «cumplido de los otros bienes é he- «rencia de la dicha señora » ( Real Acad. de la Hist., Bibl. de Sal., Memors. ajusts. , t. 27, fol. 47 v.).

di;l marqués de santillana.

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m.

(14.12 á 1445.)

Partición de los bienes de doña Leonor de la Vega.— Reclamaciones de doña Aldon/.a de Mendoza.— Justa de guerra en Madrid.— Pleitea con el señor de la Vega el concejo de Guadalajara.— Casamiento de doña Leonor, hija de Iñigo López.— Muerte de don En¬ rique de Villena.— Id. de la duquesa de Arjona.— Pleito con los Manriques.— Convida y obsequia al rey y á la córte el señor de Ruitrago.— Suntuosas bodas de su primogéni¬ to.— Nómbrale el rey capitán mayor de la frontera.— Batalla y toma de Iluelma.— Rendición de Bexix.— Demandan treguas los sarracenos.— Capitulaciones de estas tre¬ guas.— Ingratitud de la córte. — Levantamiento del almirante.— Casamiento del principe don Enrique con doña Blanca de Navarra.— Nuevos trastornos en Castilla.— Rota de Torote y peligrosa herida del señor de la Vega — Sentencia de Tordesillas contra don Alvaro de Luna.— Cautiverio del rey don Juan.— Solicita y obtiene el príncipe la amis¬ tad de Iñigo López.— Batalla de Pampliega.— Merced de los valles de Santillana y po¬ sesión de los mismos.— Batalla de Olmedo.— Obtiene el señor de la Vega los títulos de marqués de Santillana y conde del Real de Manzanares.

Expiraba el primer tercio del siglo XV, y lejos de apla¬ carse aquellas ambiciones cortesanas, que traían inquieta la nobleza de Castilla, cundía lastimosamente su contagio, no respetándose los fueros de la razón y teniéndose en poco los preceptos de la justicia. Tan hondas raíces iban echando los hábitos de ilegalidad y de violencia, y tan desasadas es¬ taban las vias de la moderación y de la templanza, que de¬ bía en verdad tenerse á maravilla el contemplar á un pro¬ cer castellano sometiendo á la autoridad de los tribunales la decisión de cuestiones, cuyo éxito podía ser mas bri¬ llante y seguro , confiado á la suerte de las armas. Este ejemplo , que por lo raro bastaría para poner de relieve en aquella edad calamitosa las nobles prendas de cualquier personage, lo ofrece el nuevo señor de la Vega; siendo tanto mas notable su hidalga conducta, cuanto que, fuerte ya y poderoso, habíaselas con una muger altiva, de quien tenia recibidas no pocas ofensas, y á quien hacia temible en

y

L VIII

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la córte el deudo con el monarca y el no olvidado poderío de su esposo. La viuda del duque de Arjona era deshere¬ dada por doña Leonor de la Vega, aun respecto de los bie¬ nes adquiridos durante su matrimonio con el almirante don Diego. Dejábase ver claramente en esto el enojo causado por las demasías de doña Aldonza en el ánimo de la vir¬ tuosa señora, que tantos sinsabores habia apurado en la mi¬ noridad de sus hijos; y fue por ellos considerado semejan¬ te acuerdo como una justa reparación de los perjuicios que todavía experimentaban , con la ocupación del Real de Manzanares. Obedeciendo la voluntad de aquella madre respetada, hicieron, pues, en Yillasirga á 5 de setiembre de 1432 la partición de todos los bienes * ; y excluida to¬ talmente de la herencia , no vaciló la duquesa de Arjona en querellarse al rey, presentando la oportuna demanda á los oidores de su consejo.

Tan grande fue la instancia de la condesa y tal la acti¬ vidad en este asunto desplegada por ella, que en los pri¬ meros dias del siguiente octubre se vieron requeridos los herederos de doña Leonor, para que acudiesen á la defen¬ sa de su derecho; y á 13 de aquel mes daban en la villa de Carrion amplios poderes al doctor Pero Sánchez de Se- govia, oidor de la audiencia del rey, y al licenciado Juan Sánchez Zurbano, notario de Castilla, para que procedie¬ sen por su parte conforme á las prescripciones de la razón y de la justicia 1 2. Doña Aldonza nombraba con el mismo objeto al doctor Pero Martínez Astudillo y al bachiller Juan Jiménez de Arévalo ; y puestos de acuerdo , con la me¬ diación del obispo de Cuenca , don Alvaro de Osorna y del prior de San Benito de Valladolid, don Juan de Ace¬ bedo , anularon quince dias adelante 3 la cláusula del tes-

1 Arch. de inf., caj. 8, leg. i, de Lara, lib. VI, cap. 6.

núm. 8. 3 Id., caj. 9, leg. i, n. 10; Sa-

2 Id., caj. 8, leg. 9, n. 9 ; Sala- lazar de Castro, ut supra.

zar de Castro, Historia de la casa

DEL MARQUÉS DE SAN TILLA NA . LIX

lamento de doña Leonor, que desheredaba á doña Aldon- za, dejándolo en todo su vigor respecto de las demas dis¬ posiciones, y mandando en consecuencia que entrase á partir la condesa con sus hermanos en los bienes libres. Tocáronle en esta nueva partija las villas de Santa María de Villasirga y San Martin del Monte, y asignábansele igualmente el portazgo de Ávila y las casas de Valladolid, cercanas á San Pablo Pero mientras Iñigo López de Mendoza y sus hermanos acataban y llevaban á efecto aquella sentencia arbitral, aprobada por el monarca, susci¬ taba la duquesa de Arjona nuevas desavenencias, poniendo pleito al señor de la Vega sobre la Merindad de Liévana 4 5.

Resolvía entre tanto el rey don Juan tener cortes gene¬ rales del reino en la villa de Madrid, y congregados se¬ gún costumbre los tres brazos, reuniéronse á principios de 1433 magnates, prelados y procuradores, ganosos los unos de ostentar su opulencia y su probada lealtad los otros. Fueron los ocios de uno y otro estamento sabrosa¬ mente ocupados con todo linage de pasatiempos; y esfor¬ zándose en hidalga competencia, no parecía sino que rei¬ naba en Castilla inalterable paz , estrechando acendrada amistad los vínculos de la nobleza. Señalábase entre todos Iñigo López de Mendoza , quien deseando conquistar en el palenque del hierro el lauro que lograba sin rivales en las lides del ingenio, pedia licencia al soberano para mante¬ ner con su primogénito y otros veinte caballeros de su ca¬ sa, una justa de guerra, con que hubiesen cumplido aga¬ sajo las damas y caballeros, venidos al reclamo de tanta magnificencia. Concedido el permiso y llegado el dia de la fiesta, mostróse en la arena el señor de la Vega rodeado de los suyos, y presentáronse á poco, pidiendo plaza para justar, sesenta aventureros capitaneados por el condesta¬ ble don Alvaro de Luna. No consentía la desigualdad del

4 Id., id. id. núm. 27.

5 Arch. dé Inf., caj. 10, leg. i,

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*• t

número (en que sin duda quiso el favorito de don Juan II hacer alarde de su poder) que probasen fortuna todos los paladines; y partidos tantos á tantos, llevóse á cabo aquel simulacro de guerra, con muchos y muy señalados encuentros, dándose por ambas partes sobradas pruebas de valor y destreza. Iñigo López de Mendoza alcanzaba la noble satisfacción de ver declarados á su hijo don Diego y á su capitán Pero Melendez Valdés como principales y cumplidos justadores, honra que entre los aventureros de don Alvaro obtenían también Pedro de Acuña y Gómez Carrillo, su hermano. Terminada la liza, invitó el señor de la Vega al condestable y los suyos para que pasaran á sus palacios, donde les tenia preparado suntuoso banquete, convidando al par crecido número de caballeros y gentiles hombres de la real casa 6. Acreditábase en esta ocasión de espléndido y generoso el ilustre magnate que era ya teni¬ do por discreto y valiente, y despedíansele contentos y pagados, asilos aventureros como el condestable, quien procuraba tal vez por este camino ganar la amistad de Iñi¬ go López de Mendoza. Aquella celebrada fiesta tenia en breve felices imitadores 7.

6 En la Crónica de don Alvaro se lee: «E después de aver estado «algunos dias en Madrid, ovo una «justa de guerra bien denotar, á «donde fueron mantenedores Iñigo «López de Mendoza, señor de Ita y «Buytrago, é Diego Hurtado , su «fijo , é veynte gentiles omes de su «casa. En la qual salió aventurero «el condestable de Castilla don Ál- «varo de Luna con sesenta caballe¬ aros de su casa: é por ser los aven- «tureros muchos é los mantenedo- «res pocos , se partieron tantos á «tantos. E de la parte del nuestro «condestable quedaron por princi- «pales Pedro de Acuña é Gómez «Carrillo, su hermano. E de la otra

«parte de Iñigo López quedaron «Diego Hurlado, su fijo, é Pero «Méndez (Melendez) Valdés. E pa- «saron en esta justa assaz de seña- «lados fechos» (til. XLI). En la de don Juan II se añade: «Ovo en es- »la justa muchos é señalados en- «cuentros, é fizo la fiesta Iñigo Lo- «pez , con quien fueron á cenar el «condestable é lodos los justado- «res , é aun otros caballeros é gen- » tiles-hombres de la casa del rey» (Año 1433, cap. 2).

7 La tranquilidad, que á la sazón gozaba Castilla, permitía á los caba¬ lleros hacer gala de su bravura, ya abriendo peregrinos palenques en el reino, ya llevando á extrañas re-

DLL itiARQUES DE SAIS iíLLANA. LXÍ

Mas si de esta manera conquistaba en la córte alta re¬ putación, no menos en letras que en armas, vuelto á Gua- dalajara, veíase inquietado por nuevos litigios, no pare¬ ciendo sino que todo el mundo tenia derecho á molestarle. El concejo de aquella villa, que le era deudor de no cor¬ tas mercedes , movíale pleito sobre los términos de las vi¬ llas y lugares donados por el rey don Juan en el secuestro y confiscación de los bienes de la infanta doña Catalina ; y aunque el señor de la Vega solo vio en esta demanda las sugestiones de sus no reconciliados deudos, no esquivó someter al juicio del rey y sus oidores lo que podia defen¬ der buenamente con la fuerza. A 22 de marzo de 1434 pronunciaba sentencia Andrés González del Castillo, juez especial nombrado por el consejo , declarando que la villa de Guadalajara carecia de toda razón y derecho en el pleito por ella promovido 8.

Atendía en este tiempo con digna solicitud el señor de la Vega á los aumentos de su casa, y en la villa de Yunquera celebraba á 21 de noviembre de 1433 los desposorios de su hija doña Leonor, que apenas tenia cumplidos once años, con don Gastón de la Cerda, primogénito de los condes de Medinaceli. Entregábale en prendas los pueblos de Mena y Villoldo con todas sus jurisdicciones é imperio; y llegada do¬ ña Leonor á la «edad perfecta » señalada por los cánones, llevábase á efecto el matrimonio con beneplácito de ambas familias 9. Y no daba menores muestras de su piedad cris¬ tiana : cuatro años antes de su fallecimiento había hecho donación doña Leonor de la Vega al monasterio de Monte

giones aun mas peregrinas empre¬ sas. Suero de Quiñones sostenía en este año junto al puente de Orbigo el Paso honroso : Juan de Merlo partía á Borgoña y de allí á Basi- lea, para conquistar del señor de Charni y de Mosen Enrique de Re- mestan , señalados laureles , ejem¬ plo que siguieron después otros

muchos españoles.

8 Arch. de Inf., caj. 14, leg. 14, núm. 1.

9 Los primeros capítulos ma¬ trimoniales se asentaban por ante Ñuño Fernandez de Tordelaguna (Arch. de Inf., caj. 8, leg. 4, núme¬ ro 4). La escritura de desposorios tiene el núm. 5 en el mismo leg.

LATI

VIDA

Corban, « por servicio é amor é reverencia de Dios é de la «gloriosa Sancta Maria é de la bienaventurada virgen sanc- »ta Catalina, en remisión de sus peccados é yerros,» de todas las rentas, frutos y diezmos que le correspondían en la iglesia de San Cristóbal de Orejo, de la Merindad de Trasmiera 10. Deseosos los monjes de obtener la aproba¬ ción del nuevo señor, de cuyo mayorazgo habian recibido aquella limosna, acudieron en noviembre de 1434 á Vi- llasirga , donde acaso se hallaba ; y presentándole el privi¬ legio de doña Leonor, era este plenamente confirmado, habiendo por buena y meritoria semejante obra pia, y pro¬ metiendo « non yr nin passar contra ella nin contra parte «della en tiempo del mundo» 41 .

En tales ó semejantes negocios entendia Iñigo López, que no quitaba la vista de los valles de Santillana , cuan¬ do le llegó la triste nueva de la muerte de don Enrique de Aragón, acaecida el 15 de diciembre de aquel año. Per¬ día en él un tierno amigo y un maestro , que no de otra manera le acataba; y noticioso del escrutinio y quema de sus libros , aspiró á vindicarle de la indiscreta acusa¬ ción , con que mas bien por falta de independencia que por ignorancia, se había querido manchar su nombre. El señor de la Vega evocaba el coro de las musas para llo¬ rar tan lastimosa pérdida, y declaraba por boca de las mismas que era don Enrique la única columna del templo de las ciencias , calificándole como « el mayor de los sa¬ bios » de aquella era i2 . Sin duda la autoridad de Iñigo López y la picante censura de Cibdareal hubieron de ser parte á que el obispo Barrientos procurase justificarse de

tO Real Acad. de la Hisl. Bibl. de Salazar. Memors. ajuts. , t. 27, fol. 43 y siguientes.

lí Esta confirmación está fe¬ chada en Santa Maria de Villasirga á 17 de noviembre, siendo testigos don Juan de la Caballería, Gonza¬ lo de Tolosa , Gutierre de Sepúl-

veda, donceles del señor de la Ve¬ ga , y fray Juan de Medina , prior del monasterio de Santa Catalina de Baydan ( ut supra ).

12 Véase la poesía que lleva por título Dcfunssion de don Enri¬ que de Villena, copls. 21 y 22, págs. 247 y 248.

LXIII

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

aquel hecho , que siempre será considerado en la historia de letras y ciencias como incalificable atentado 13 .

Pasado algún tiempo y hallándose todavía la córte en Madrid, súpose la muerte de la duquesa de Arjona, lle¬ gando al par la noticia del rompimiento entre los Manri¬ ques é Iñigo López de Mendoza. «En la casa desta (dice »la Crónica de don Juan II) avia un cavallero que se 11a- »mava Diego de Mendoza, de quien ella mucho confiava; »el qual cómo vido que la duquesa eslava en punto de «muerte, enbió por Diego Manrique, fijo mayor del ade- «lantado. É luego que la duquesa fue muerta , Diego Man- «rique é Diego de Mendoza tomaron todo el tesoro é joyas «de la duquesa é fuéronse con ello á Cogolludo» u. Se¬ mejante conducta , que cedía por lo menos en ofensa y desprecio del señor de la Vega , no pudo dejar de encen¬ der su enojo; y poniéndole en la mano Ja espada, llevóle trás sus ofensores, cayendo sobre Cogolludo con buen gol¬ pe de gente y reduciendo á los cercados al último aprieto. Poca esperanza de defensa les quedaba , cuando llegaron al campo el conde de Ledesma y los alcaldes de córte , en¬ viados por el rey don Juan para poner en secuestro el te-

13 El mismo don Lope Barrien- tos procuró apartar de sí la acusa¬ ción, que generalmente se le hacia, cuando en su Tratado de las espe¬ cies de adivinanza, escrito por man¬ dado de don Juan II, decía á es¬ te rey, hablando del libro titulado Razfe : «Este libro es aquel que «después de la muerte de don En- «rique de Villena tú, como rey «chrislianíssimo mandaste á mí, tu «siervo é fechura, que lo quemasse »á vuelta de otros muchos. Lo qual «yo puse en execucion en presen- «ciade algunos tus servidores, en lo «qual, asi como en otras cosas, mu- »cho paresció y paresce la grand tu - «vocion que tu señoría siempre ovo

«ála religión christiana. É pues- »to que aquesto fue y es de loar; «pero por otro respecto en alguna «manera es bueno de guardar los «dichos libros, tanto que estuvies- «sen en guarda ó poder de buenas «personas fiables, tales que non «usassen dellos , salvo que los «guardassen, al fin que en algún «tiempo podrán aprovechar á los «sabios leer en los tales libros, para «defensión de la fée y de la religión «christiana y para conclusión de los «tales idólatros é nigrománticos.» (Obras de Juan de Mena, coment. á la cop. 128 del Labyrintho.)

14 Crón. de don Juan II, año 1435, cap. fi.

LXIY

VIDA

soro, alhajas y bienes de doña Aldonza. Recibiólos com¬ placido Iñigo López de Mendoza , como quien después de tan largos litigios veia llegada la horade la reparación; y obedecidos igualmente por los sitiados , ejecutábanse las órdenes del rey, retirándose luego las gentes del señor de la Vega. Mas no corrieron los trámites del nuevo proceso con la velocidad que este apetecía : al cabo de siete años de réplicas y contradicciones determinaron Iñigo López y Diego Manrique, en quien, muerto su padre, había recaído la herencia , poner la resolución de aquellas contiendas en manos de Juan Fernandez de Toledo y Maestre Abrahem de Medina , los cuales dictaron sentencia definitiva en 2 de noviembre de 1442, aprobada y jurada por ambas partes en 2o de febrero del siguiente año i5. Mandábase en aque¬ lla sentencia que entregase el adelantado al señor de la Vega todos los pueblos y heredades enclavados en sus ma¬ yorazgos , las casas de Guadalajara y las villas de Tendilla y Ledanca con el lugar de Espinosa, de la jurisdicción de Hita, ocupado indebidamente por doña Aldonza durante la infancia de Iñigo López : poníasele igualmente en pose¬ sión del Real de Manzanares , conforme á lo mandado en el testamento de la duquesa 46, y obligábasele á dar en cambio al Diego Manrique las villas de Villoldo y Rio-Fer- rero con la suma de 200,000 mrs., en que los jueces ár¬ bitros moderaban y tasaban las casas de Guadalajara 17.

15 Real Acad. de la Hist. , Bibl. de Salazar , Escrits., tomo 25.

16 Arch. de Inf., caj, 8, leg.6, núms. 1, 2 y 3.

17 Las palabras de la expresa¬ da sentencia son: «Fallamos que «devemos declarar é mandar, é «por la presente declaramos é man- «damos quel dicho Iñigo López «aya para sí é para sus herederos »é subcesores las dichas casas, que «la dicha señora (doña Aldonca) asy

«tenia de morada en la dicha villa «de Guadalajara, con todas sus en- » Iradas é salidas é todos sus dere- «chos ¿pertenencias, segund que «la dicha señora , que Dios aya, los «tenia en su vida ¿ al tiempo de su «finamiento ; é que dé al dicho ade- «lantado (Diego Manrique) por «equivalencia dellas 200,000 mara- «vedises en dinero, en que lasno- «sotros moderamos é tassamos.» Mas adelante dice: «E que dé (I ñ i—

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA. IX V

Tal era el fin de aquel rompimiento que pudo haber cos¬ tado no poca sangre á la nobleza castellana.

Tomando de nuevo el hilo de los sucesos, cúmplenos observar que levantado el sitio de Cogolludo , partióse el señor de la Vega para su villa de Buitrago, desde donde rogó al rey donjuán «le pluguiese ir, porque le quería allí hacer sala.» Condescendió el rey á la súplica de Iñigo Ló¬ pez , y dirigióse con toda la córte ó la indicada villa , al¬ canzándole en el camino don Juan de Luna, embajador de las reinas de Aragón y Navarra , que venia en solicitud de próroga de las treguas asentadas con ambos reinos. Gran¬ de fue el contento del rey y de la reina en Buitrago , y no menor el regocijo de la córte y los magnates que la se¬ guían, al contemplar la esplendidez, discreción y buen gusto del señor de la Vega en cuantos obsequios tenia pre¬ parados : quedaba también altamente prendado de la cor¬ tesía castellana el noble señor de Llieca 18, quien lograda la tregua, se tornaba complacido á Aragón, ageno por eierto del gran desastre ocurrido en las aguas de Gaeta. Poco tardó en cundir la nueva de la prisión de los reyes hermanos por toda España ; y llegada á Iñigo López de Mendoza , el afecto que á los hijos del vencedor de Ante¬ quera profesaba , lo grande de aquel acontecimiento y el peligro que en Italia amenazaba á los españoles, todo con¬ tribuyó á exaltar su lozana imaginación , dando principio á la Comedieta de Ponza, obra en que se proponía imitar las formas poéticas del Dante y que nueve años después diri¬ gía á la esclarecida condesa de Módica , doña Violante de Prades 19 .

»go López) por equivalencia de la «villa de Tendida é heredamiento »de Ledanca , las dichas villas de «Villoldo é Piio-ferrero , con la for¬ taleza é vasallos é aledaños é ren¬ tas é pechos é derechos , etc.» Nótese , pues , cuán desacertados

anduvieron los que incluyeron es¬ tas villas en la donación real de 1430. (Véase la nota 46 de la 11.a parle de esta Vida.)

18 Crón. de don Juan II, año 1435, cap. 7.

19 Pág. 93.

9

LXVÍ

VIDA

Todo el siguiente año de 1436 lo pasó Iñigo López de Mendoza en Guadalajara, entregado á sus estudios predi¬ lectos y disponiendo las bodas de su primogénito con doña Brianda de Luna, hija de Juan Hurtado de Mendoza, el vie¬ jo, y de doña María de Luna, prima del condestable 20. Con¬ taba ya don Diego diez y nueve años cumplidos, y tanto por su extremada gentileza como por su buen natural , lograba ser querido en la córte , donde tres años antes había con¬ quistado fama de gentil caballero. Noticioso el rey de aquel enlace, que parecía robustecer en cierta manera la posi¬ ción de su favorito , prestóse gustoso á ser padrino de los desposados, dirigiéndose con este intento á Guadalajara, no sin haber dado desde Illescas testimonio de su benevo¬ lencia, haciendo merced de diez escusados en el arcedia- nazgo de la primera villa ádoña Catalina de Figucroa 21 . Notables fueron las fiestas celebradas en los palacios del señor de la Vega; pero si digna de aplauso apareció la magnificencia del heredero de los Mendozas en aquella córte tan avezada á la suntuosidad y al lujo, no resplande¬ ció menos su caritativa largueza para con los pobres y me¬ nesterosos, que largos años después recordaban, como un sueño de pasada ventura, aquellos felices dias. Al cabo se partía el rey de Guadalajara , dejando en las Ordenanzas de alcaldes ij corregidores pública muestra de su celo por el bien general, mientras honraba a sus esclarecidos hués¬ pedes con no escasas mercedes 22. Iñigo López de Men-

20 Crón. de don Juan II, año 1419, cap. 10. Nuñez de Castro, párr. III, pág. 141.

21 Este privilegio tiene la fecha de 9 de noviembre , y se custodia en el arch. de Inf., caj. 14, leg. 1, núm. 22.

22 Entre oirás donaciones es notable la merced que á 10 de di¬ ciembre de este año hacia el rey

don Juan á Iñigo López de ciento quince escusados sobre los que ya gozaba ; los noventa y cinco en el arcedianazgo de Guadalajara y los veinte restantes en el obispado de Segovia, expresándose en la real cédula, que refrendaba Ferrand González, que eran quilos de lodos tributos. (Arch. de Inf., caj. 1 , leg. 9, núm. 11, y caj. 14, leg. 1, núm. 23.)

LXVII

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

doza pagaba tan señalados favores del rey don Juan , pre¬ sentándole en los primeros meses de 1437 sus Proverbios de gloriosa doltrina é fructuosa enseñanca, que á ruego del mismo rey habia escrito para el príncipe don Enrique 23.

La paz ajustada con Aragón desde setiembre de 1436 y ratificada ún año después por el rey don Alonso , permitió al castellano volver la vista sobre Granada, rotas las treguas por los sarracenos, durante los disturbios civiles. Necesi¬ tábase de un capitán experto y valeroso, y fue designado el señor de la Vega para defender la frontera de Córdoba y Jaén, cargo que aceptó lleno de entusiasmo, llevando á sus hijos Iñigo López y Pero Laso al frente de sus hom¬ bres de armas. Al despedirse de don Juan II, rogóle su capitán mayor que no consintiera se le moviese pleito al¬ guno durante su ausencia: prometiólo solemnemente el monarca 24, y las talas de Baza , Guadíx y Granada dieron en breve terrible aviso á la morisma de que comenzaba á

El señor de la Vega aumentaba también sus estados con la adqui¬ sición de las heredades que tenia en Maluque doña Beatriz de Val- dés, compradas en 12,000 mrs. (Id.? caj. 2, leg. 9, núm. 3) ; y para se¬ guridad suya y de sus vasallos de los pueblos del Real , de que esta¬ ba en posesión , celebraba con los señores del Consejo de la Mesla ciertos capítulos, para el paso de los ganadog por aquellas tierras (Id,, caj. 8, leg. 5, núm. 1).

23 Mems. hists. de don Alonso el noble, apén. 16, pág. CXXV.

24 Esto lo Confiesa palmaria¬ mente don Juan, cuando en su al- valá, dirigida al bachiller Juan Ser¬ rano en 3 de junio de 1437 , decía: «Sepades que por parte de Iñigo »Lopez de Mendoza, mi vasallo é «del mi Consejo , me fue fecha re- »lacion por su petición que ante

»mí en el mi Consejo fue presenla- »da, que está en la frontera de los «moros en mi servicio, por mi man- »dado é como mi capitán mayor de »la cibdad de Jahen , por lo qual «que le yo ove mandado dar é le »dí una mi carta firmada del mi «nombre é seellada con mi seelío, «para todas las justicias de los mis «regnos é señoríos , para que non «conosciessen nuevamente de sus «pleitos, nin demandas nin acusa- «ciones ceviles nin criminales, que «qualesquier concejos é personas «de qualquier estado ó condición, «preheminenciaódignidatque fues- «sen, en tanto quel dicho Iñigo «López estoviesse en la dicha fron- «tera , por mi capitán mayor , se- «gund dicho es , é mas largamente «en la dicha mi caria se face men- «cion, etc.» (Arch. de Inf., caj. 3, leg. 2, núm. 6, y leg. H, núm. 3.)

LXVI1I

VIDA

sacudir su pereza el león de Castilla. Acosados los sarra¬ cenos por todas partes , no osaban ya arrostrar los estan¬ dartes cristianos , que habian llegado á ver con menospre¬ cio; y encerrados en sus castillos y fortalezas, fué necesa¬ rio buscarlos en aquellas guaridas, para castigar su pasada soltura. Hueima, villa asentada á cinco leguas de Jaén, la cual había intentado escalar tres años antes Fernán Alva- rez de Toledo , fué asediada por el señor de la Vega en los primeros dias de marzo de 1438; y los continuos ata¬ ques, en que no brillaba tanto el valor de los soldados como la pericia del capitán , advirtieron á los cercados de que era imposible larga defensa.

Súpolo el rey de Granada , y enviando numerosa hueste, para socorrerla, con Aben-Farax-Ben-Juccph, uno de sus mas celebrados caudillos, llegó este el 14 de abril á dar vista á la combatida fortaleza. Salióle al encuentro con las gentes de armas el fogoso Iñigo López , que rayaba apenas en los veinte años, y trabada la pelea con igual coraje y fortuna, acudió el señor de la Vega en socorro de los su¬ yos, permaneciendo por algunos momentos indecisa la vic¬ toria. Llegaron á afrontarse en medio de la refriega el joven Iñigo y el brioso Aben-Farax, y embistiéndose con arrogan¬ te bravura, atravesó la pica clel cristiano el pecho del sar¬ raceno, derribándole muerto del caballo. Fué aquel fracaso la señal del mas cumplido triunfo, apretando los hombres de armas á la desordenada morisma, mientras el victorioso Iñigo López volaba en ayuda de su padre , que muerto su caballo y haciendo prodigios de valor, apenas podía soste¬ ner el peso del combate. Desalentados los granadinos, vol¬ vían por íin las espaldas, durando el alcance y mortandad por el espacio de seis leguas, hasta encerrarse en la villa de Almendro (hoy Iznalloz) las tristes reliquias de aquel desbaratado ejército 25. Cuatro dias de asaltos sin tregua ni

25 La relación de esta batalla atención de los lectores entendidos, no dejará por cierto de llamar la cuando traigan á la memoria quela

LXIX

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. descanso alguno se hubieron menester, no obstante , para que los defensores de Huelma rindiesen la villa y castillo al señor de la Vega, quien por todo pacto les concedía sa¬ lir «solamente con sus cuerpos,» dándoles seguro hasta guarecerse en Alhabar ó Cambil, como mejor les convi¬ niera. Cuando llegó el momento de tomar posesión de la desalojada villa , porfiaron las gentes de Jaén y las demas ciudades fronterizas sobre cuál bandera debía entrar pri¬ mero; mas tomándolas todas el señor de la Vega y hacien¬ do con ellas un haz, metiólas juntas en la villa , manifes¬ tando de este modo que todos eran dignos de aquella glo¬ ria 26 .

Cabia la misma suerte de Huelma al castillo y forta¬ leza de Bexix , uno de los mas avanzados puestos de la frontera mahometana 27, y no dando vagar á sus soldados

Crónica de don Juan II niega este hecho ; pero sobre la relación del cronista existe el privilegio olorga- do en 1470 a! primer conde de Ten¬ dida por don Enrique IV, en el cual se lee la siguiente cláusula : «El rey »don Johan de gloriosa memoria, «mi señor é padre , cuya ánima »Dios aya , vos fleo merced de «trescientos vasallos en estos reg- «nos por la batalla que vencistes, «veniendo la gente del rey Abina- «zer á socorrer á Huelma, que la te- «nia vuestro padre, el marqués de «Sanlillana , cercada ; e' matando «gran parle de la gente é por vues- «tra persona propria á AbenFarax, «caudillo della, socorristes al vues- «tro padre questava en grand peli — »gro.« (Hist. de la casa de Monde- jar, lib. II, cap. 3.) En pago de es¬ te servicio , y para estímulo de su bizarría, donó el mismo señor de la Vega á su hijo Iñigo en 1443 los pueblos de Meco y Miralcampo. (Id.

id., lib. I, cap. 7, párr. 8.) Lo mis¬ mo asegura con copia de datos el licenciado Gabriel Rodríguez de Ardila en su Hist. MS. de los Con¬ des de Tendilla.

26 Crón. de don Juan II , año 1438, cap. 2.

27 Ni la Crónica de don Juan ni otro historiador alguno hacen mención de la toma del castillo de Bexix, hecho de que no puede du¬ darse , cuando el mismo rey don Juan dice en el privilegio rodado de 1448 , de que en su lugar dare¬ mos mas noticias: «En las guerras «que yo he ávido contra los moros «y enemigos de nuestra sancla fée «calhólica... vos eslovistes por mi «mandado con vuestras gentes de «armas, como mi capitán mayor de «la frontera de Jahen, contra la «cibdad é reino de Granada, é con «grand animosidad , é poniendo «vuestra persona é gentes á gran- »des peligros, cercastes é comba-

LXX

VIDA

ni respiro á los sarracenos , fueron estos reducidos por el señor de la Vega á tal aprieto que hubieron de pedir tre¬ gua, con repetidas instancias, al rey de Castilla. Remitió este la resolución del asunto á su capitán mayor, quien entabladas las negociaciones, con asistencia de Luis Gon¬ zález de Leiva y Juan de la Peña , confidentes secretos del monarca, imponia al de Granada tan duras condiciones, que bien se mostraba ser vencedor el que usaba semejan¬ te lenguaje. El alguacil mayor de Granada, Abrahem Ab- dilbar, y el alfaqueque mayor del mismo reino, Zayde Alamin, intercedieron, á nombre de la paz y felicidad de ambas naciones, procurando templar la tirantez de los ca¬ pítulos dictados por Iñigo López de Mendoza, que firme en su ventajosa posición , replicó al granadino con noble entereza, manteniendo cuanto había escrito. Y ni un pun¬ to hubiera cedido en aquella patriótica demanda , si no le

«tistes la villa de Güelma é el cas¬ tillo é fortaleca della, éassimesmo «el eastilo é fortaleca de Bexix, que «era de los dichos moros, é los en- » trastes é ganasles para mí, etc.» (Arch. de Inf. , caj. 9, leg. 1 , nú¬ mero 16.) Que habia extendido sus empresas el señor de la Vega á otros puntos de la frontera, demás de Huelma, se deducia ya de las palabras de Juan de Mena, quien en la Coronación, escrita precisamen¬ te en 1438, decía, al imaginarse á su amigo en el bosque sagrado:

Yo le dexé bien sano capitán de la frontera, quando la vez postrimera metió Huelma á sacomano.

Y comentando el mismo poeta este pasage , anadia: «En este «tiempo que yo avia ende partido »(al bosque sagrado) era él de la «frontera de los infieles moros guer- «reador, é capitán de los obispados

«de Córdova é Jahen é sus lérmi- «nos, é por mandado del sereníssi- «mo é muy alto esclarecido rey é «señor don Johan de Castilla y de «León , trabajando de dia é velan- »do de noche, por acrescentar el «servicio de Dios é del muy alto «rey é señor é por ensanchar los «sus reinos é poner allende los pa- «trones délas sus límites, robando «ganados , escalando castillos, der- «ribando é postrando alearías é tor- «res, ganando lugares, tallando ar- «boledas, matando é desmembran- »do los sarracenos , enviando sus «ánimas á la boca del huerco, elc.« (Obras de Juan de Mena , edic. de 1536 , fol. XIX vto.) De estas cor¬ rerías y del capitán sarraceno , que defendía la frontera, nos dá razón el mismo Iñigo López en la Serrani¬ lla, que va señalada con el núm. V, escrita en este mismo año.

1

LXXt

DEL MARQUÉS DE S ANTILLANA.

obligáran las repetidas importunaciones del rey don Juan y las desagradables noticias que diariamente recibía de sus estados.

Era por cierto reprensible el que olvidadas sus vic¬ torias , desconocidos los sacrificios que en la frontera ha¬ cia , manteniendo á su costa sus gentes de armas , y por último, quebrantada la palabra real que se le habia em¬ peñado, consintieran y aun ordenáran el rey y el con¬ destable que se le despojase « de lo que sus antecesores ganaron en las guerras de los moros, estando él en ella.» Este inmerecido tratamiento y la presura de don Alvaro por acudir á la defensa de su disputada privanza, preci¬ pitaron algún tanto las negociaciones, viendo el señor de la Vega con profundo disgusto que no podia sostener su primera capitulación, si bien obtenía mayores ventajas de cuantas se habían logrado en las treguas anteriores. El tratado, abierto en los últimos dias de 1438, era firmado á 1 1 de abril del siguiente año : quedaban asentadas pa¬ ces hasta 1442 , dando en parias el rey de Granada veinte y cuatro mil doblas de oro y entregando quinientos cin¬ cuenta cautivos de guerra , treinta de los cuales debían ser elegidos por el rey de Castilla, contándose desde luego entre ellos Alfonso de Estúñiga. No se apartaba Iñigo Ló¬ pez de aquella frontera sin dejar á buen recaudo los cas¬ tillos de Jaén , Ubeda y Baeza , poniendo al par en defensa la línea de Segura; y publicadas las treguas, según cos¬ tumbre, tornábase á Castilla, no sospechando, si bien te¬ nia ya algunos avisos, el extremo á que habían venido los asuntos de su casa, durante aquella honrosa ausencia 28.

28 La importancia de !os do¬ cumentos, en que fundamos la nar¬ ración de estos sucesos, nos mueve á reproducir los mas interesantes en los apéndices á la Vida del mar¬ qués , que siguen á este ensayo. Y procedemos con tanta mas razón,

cuanto que la mayor parte de los historiadores , asi antiguos como modernos, asientan que se suspen¬ dió esta guerra de los moros por medio de una tregua tácita , moti¬ vada por las revueltas que aqueja¬ ban ambos reinos. (Lafuenle Al-

LXXII

VIDA

Cuando partió al Andalucía quedabaji en secuestro los valles de Santillana , y fiado en la legitimidad de sus de¬ rechos, ningún temor abrigaba respecto del litigio provo¬ cado por el conde de Castañeda : á su vuelta hallaba á este en posesión de la mayor parte de aquellos estados , mer¬ ced á la sentencia pronunciada por el rey en 3 de diciem¬ bre de 1438, sin que se le hubiese dado conocimiento alguno del proceso , que siguieron con extremada actividad el bachiller Juan Sánchez de Peralta y el doctor Fernán Diaz de Toledo, referendario del mismo soberano 29. Da¬ dos estos primeros pasos , se había llegado hasta el punto de mandar al doctor Alonso García de Guadalajara, procu¬ rador fiscal del consejo, que pusiera demanda al señor de la Vega sobre los restantes pueblos de los valles , cedién¬ dose acaso á las maliciosas sugestiones de Garci González Orejón , y olvidándose absolutamente el privilegio de Gon¬ zalo Ruiz de la Vega y la confirmación de 142 0 30. ¿Qué podía esperarse de una córte, donde con menosprecio de la justicia y quebrantamiento de la palabra real, de esta manera se pagaban tan altos servicios como en aquellos momentos estaba prestando Iñigo López de Mendoza?... Lleno de indignación contra don Alvaro de Luna, vió, pues, el capitán mayor que mientras consumía su hacienda en la frontera, se habia solicitado en Castilla su ruina; é impulsado por el despecho que engendró en su cora¬ zón aquel torcido proceder, retiróse á sus estados de Guadalajara, harto descontento del rey y no poco sañudo contra su condestable 31 , buscando en el comercio de las

cántara, Hist. de Granada , t. III. cap. 15, pág. 267; Lafuente, Hist. gen. de España , parte II, t. VIII, lib. III, pág. 2H.)

29 Hist. de la Casa de Monde- jar, lib. I, cap. 7, pár. 13; Arch. de Inf, , caj. 9 , leg. \ , núm. 13.

30 Sánchez, Colee, de poes.

ant. al siglo XV, t. I, pág. XII: véase también la nota 36 de la I. * parle.

31 Debe advertirse aquí que en este mismo año se declaró enemigo del señor de la Vega Pero Gonzᬠlez de Bedoya, jurando «de el quemar sus logares é quanlo falla-

DEL MARQUÉS DE SANTILLANA. LXXIII

musas la tranquilidad que había menester su alma 32.

Encontróle allí el levantamiento del almirante don Fadri- que , que tenia como los anteriores por visible pretexto el omnímodo poderío de don Alvaro; y deseoso de derribarle, acostóse al partido de los descontentos, apoderándose de Guadalajara, cuya guarda encomendó á su hijo Pero Laso, é incorporándose luego con los magnates, que reconocían ya por cabezas al infante don Enrique y al rey de Navarra. Lar¬ gas fueron las altercaciones, y no pequeños los escándalos que presenció Castilla en aquellos dias: los enemigos del condestable escribieron al rey una carta, «llena de conse¬ jos muy graves, sacados de la filosofía moral y política» 3S, en donde manifestaban por último sus temores de que tu¬ viese el favorito « ligadas é atadas todas sus potencias cor¬ porales é intelectuales por mágicas é diabólicas encanta¬ ciones» 3L Ninguna respuesta dió el rey don Juan á este singular documento , creciendo mas y mas los bullicios y trastornos , que producían finalmente el seguro de Tor- desillas y el casamiento del príncipe don Enrique con doña Blanca de Navarra35. Eran enviados, para recibir¬

se suyo,» alo cual debe también añadirse que alentados algunos va¬ sallos de las Hermandades de Ála¬ va con esta manera de persecu¬ ción , comenzaron á solicitar per¬ miso de la córte para ponerle plei¬ to ; movimiento que solo llegó á granazón tres años adelante, y fue sofocado fácilmente por el nielo de Pero González de Mendoza. (Arch. de Inf., caj. 10, leg. 1, núm. 28; Crón. de don Juan II, año 1442, cap 0.)

32 Por este tiempo era beatifica¬ do fray Vicente Ferrer, á quien ha¬ bía conocido en Aragón Iñigo Ló¬ pez de Mendoza : inflamado por la memoria de aquel grande hombre, escribió cuatro años después la

composición que ocupa Jas págs. 299 á la 308, y el soneto designado con el núm. XL1. En ambas poesías unió el señor de la Vega al nombre venerable de san Vicente Ferrer el no menos respetable del obispo don fray Juan de Villacreces. Acaso en este año dirigió también al rey don Alonso de Portugal , que subió al trono de sus mayores tres antes, los elocuentes consejos que se con¬ tienen en la composición poe'li- ca , inserta en la pág. 249 de estas obras.

33 Mariana, lib. XXí, cap. 15.

34 Crón. de don Juan II , año 1440, cap. 2.

35 Historia del Seguro de Tor - desillas, inserto al final de la Cró-

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VIDA

la en la raya de este reino, el conde de Haro, el obispo don Alonso de Cartagena y el señor de la Yega; y entrada en Castilla doña Blanca, acompañada de su madre, nada olvidaron aquellos entendidos proceres de cuanto podia contribuir á lisongear la juventud y la hermosura de tan infortunada princesa. El conde de Haro improvisaba en Yillorado bizarras justas , maravillosos jardines y deslum¬ bradores saraos: el obispo de Burgos prevenia en esta ciudad abundantes festines y gallardas lidias de toros: Iñigo López de Mendoza, lejano de sus estados, derrama¬ ba á los pies de aquella inocente belleza las flores de su lozano ingenio , haciendo en todas partes gala de discre¬ ción y cortesanía 36 .

Mas este enlace, tantas veces solicitado por el rey de Navarra, lejos de calmar el fuego de las discordias civiles, solo contribuyó á enardecerlo : los infantes de Aragón y sus parciales declararon al príncipe don Enrique cabeza de su bando , y reforzados en esta forma , acusaron al con¬ destable de « disipador é destruidor del reino , » haciendo tomar parte en la contienda á la misma reina de Castilla. Resuello estaba don Alvaro á defender su privanza , y no vaciló en aceptar la nueva lucha que se le proponía, usan¬ do de cuantos medios le ministraba su astucia , para des¬ concertar á sus enemigos. Había codiciado de largo tiem¬ po para su hermano, el arzobispo don Juan de Cerezuela, la villa de Guadalajara, que se mantenía devota al se¬ ñor de la Vega ; y á fin de arrebatarla de sus manos y derramar entre sus contrarios la discordia , aconsejó aho¬ ra al rey don Juan que hiciese merced de ella al prín¬ cipe don Enrique. Cayendo este en el lazo, envió para tó¬

nica de don Alvaro de Lima , capí¬ tulo 84 y último.

36 Véase la canción compren¬ dida en las págs. 447 y 448 , que empieza :

Quantos mas vos mirarán.

muy expeliente prinpesa, tantos mas vos loarán.

Tal vez escribió también en esta ocasión la Serranilla señalada con el núm. X, que es sin duda una de las últimas debidas á su pluma.

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DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

mar posesión á Pero Carrillo de Toledo y al licenciado Juan de Alcalá; mas llegados á Guadalaj ara, no solamente se negó á escuchar su demanda el ofendido Iñigo López, sino que ni aun quiso «darles lugar que entrasen en la vi¬ lla » 37 . No contribuyó poco ardid semejante á apresurar el rompimiento, mientras mostraba al señor de la Yoga la necesidad de fortificar sus villas y castillos , á cuyo efecto celebraba solemne convenio con sus vasallos de Hita 38. Reunidos al cabo los magnates en Valdemoro, se resol¬ vían á romper la guerra, y recibía el señor de la Yega el arriesgado encargo de apoderarse de Alcalá de Henares, lo cual ejecutó con la mayor presteza al frente de tres¬ cientos hombres de armas 39 . Abiertas de este modo las hostilidades, mientras el grueso de ios descontentos car¬ gaba sobre Medina , supo el señor de la Yega que había invadido el territorio puesto á su cuidado con hasta mil setecientos hombres el adelantado deCazorla, Juan Carrillo de Toledo. Salióle al encuentro, sin reparar en la ventaja inmensa de los enemigos , y avistándolos en el arroyo de Torote, trabóse la pelea con tanto encarnizamiento que « perdida ya grand parte de la gente y retrahido su hijo «Pero Lasso, mantuvo Iñigo López mucho tiempo el peli— »groso peso de la batalla, hasta que combatido de repe- »tidos golpes y herido de una saeta, fue obligado á reti- »rarse al mismo lugar; mas no logró el enemigo sin san- »gre la victoria, porque perdió en el encuentro á un hijo, «único que tenia, y la mayor parte de los suyos» 40. Es¬ pectáculo triste y repugnante por cierto el que se ofrecía en aquellos instantes á los hombres de maduro juicio., age-

37 Orón, de don Juan II , año 144 1 , cap. 5.

38 Arch. deTnf. , caj. 2, leg. 2, núm. 2 y 21.

39 Crón. de don Juan II , año 1441 , caps. 11 y 12.

40 Alonso de Patencia , deca¬

da I, AIS. ; Crón. de don Juan II año 1441, cap. 13; Mariana, lib XXI, cap. 10; Historia de la Ca¬ sa de Mondejar , lib. I, cap. 7, párr. 11; Chanlreau , Hisl. d’Es- pagne , lib. XIX , pág'. 872.

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VIDA

nos á las miserables revueltas, que despedazaban á Casti¬ lla!... El capitán ilustre y victorioso sobre la morisma, el generoso magnate , amparo de huérfanos y viudas, el docto escritor y esclarecido poeta del siglo XV llegaba á las puertas del sepulcro, herido de mano castellana, y mien¬ tras se hundía en el mas profundo dolor su desolada fami¬ lia , todo era regocijos el palacio del arzobispo de To¬ ledo 41 .

Ardía entre tanto la discordia en el centro de la mo¬ narquía, subiendo de punto la arrogancia de los proceres, la tenacidad del condestable y la flaqueza de don Juan II: abanderados los primeros por la reina y el príncipe , dic¬ taban en 9 de julio de 1441 la famosa sentencia que ar- rojaba de la córte a don Alvaro y los suyos, separándolos de los negocios públicos por el espacio de seis años. Lle¬ vóse á efecto este fallo en agosto siguiente , siendo desig¬ nado el señor de la Vega, repuesto ya de su herida, para ejecutarlo y permanecer en la córte al lado del rey, en re¬ presentación de la nobleza 42. Vencido de los ruegos del soberano, daba á 13 de setiembre amplio seguro á don Alvaro y su familia, documento que era ratificado por la reina y los grandes , con la expresa condición de que se guardase en todas sus partes la sentencia de Tordesillas43. Al cabo revocaba don Juan una y otra vez aquel memora¬ ble decreto u, y vuelto el condestable á la córte , apartá-

41 Las palabras de la Crónica son : aNon fue pequeño el llanto »que se fizo en la casa de Iñigo Lo- »pez , ni menor el alegria que el «arzobispo é los suyos desle caso «rescibieron.» (Cap. 13.)

42 Crón. de don Juan II, año 1442 , cap. 7.

43 Crón. de don Alvaro de Lu¬ na , apénd. núm. I , pág. 416 , co¬ lumna 2.

44 El rey don Juan quiso ma¬

nifestar la violencia que se le habia hecho en este asunto y su disgusto respecto de la conducta de la reina y los enemigos del condestable, expidiendo una tras otra cinco cé¬ dulas, ya absolviendo á don Alva¬ ro de la expresada sentencia, ya anulando todos sus efectos. (Crón. de don Alvaro de Luna, apénd. núm. I, pág. 417, col. 2, y p. 418, col. 1.)

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DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

banse de ella los descontentos, recogiéndose de nuevo á sus castillos. Al volver entre los suyos, daba Iñigo López de Mendoza palmario testimonio de la gratitud con que pagaba el cariño de sus vasallos, eximiendo á los mora¬ dores deBuitrago de todo pecho y alcabala 43.

Poco tiempo habia trascurrido, cuando estallaron nuevos y mas terribles alborotos en Castilla. El rey don Juanlí, apri¬ sionado por el de Navarra, escribía desde Medina del Cam¬ po á 10 de agosto de 1443., reclamando la ayuda de sus vasallos y magnates 46 : cansados estos de tantas revueltas y desengañados algún tanto de las pretensiones de los infan¬ tes de Aragón, confederábanse entre sí, resueltos á defen¬ derse de toda agresión á mano armada; é Iñigo López de Mendoza, para quien no habían pasado en vano los suce¬ sos, formaba esta manera de alianza con don Luis de la Cerda á 1 1 de noviembre de aquel año 47. Colocado en tan independiente posición , que le daba vagar bastante para cultivar las letras en su retiro de Guadalajara 48, apresurᬠbanse la reina doña María y el rey de Navarra á solicitar su amistad, prometiéndole mantenerlo en la posesión de los valles de Santillana 49, mientras reconciliado el prínci¬ pe don Enrique con su padre, le hacia meses adelante igual promesa, aconsejado para ello del obispo don Lope Bar-

45 F,I privilegio en que Iñigo Lo- poz de Mendoza hace esta merced á los vecinos de Buitrago, lleva la fecha 25 de mayo de 1813, y fue es¬ crito y refrendado por Diego de Bur¬ gos, secretario del futuro marque's de Santillana , y distinguido poeta de aquel tiempo. (Areh. de Inf., caj. I, leg. 0, núm. 34.)

46 La carta original, dirigida al señor de la Vega, se custodia en el arch. de Inf., caj. 13, leg. 1 , núm. 5.

47 Solo fueron exceptuados y señalados como amigos en estacón- federación don Diego Hurtado de

Mendoza , hijo de Iñigo López, Gonzalo Ruiz de la Vega, su her¬ mano , Perafan de Rivera, su deu¬ do, y Gómez Carrillo de Albornoz, su sobrino, en cuyas manos se hi¬ zo el juramento el 11 de noviembre de 1443 en la villa de Guadalajara. (id. caj. 13, leg. 1, núm 6.)

48 En los primeros dias de este año proponía á don Alonso de Car¬ tagena la Question sobre el jura¬</